medieval

Lugares vinculados con la fabricación de moneda en la Edad Media castellana y leonesa

Este mapa recoge los datos sobre la ubicación conocida de lugares vinculados con la fabricación de moneda en la Edad Media castellana y leonesa. La base es Google my maps y puede requerir cuenta de usuario.

Como citar. Debe citarse con la siguiente referencia siguiente: Antonio Roma Valdés, “Lugares vinculados con la fabricación de moneda en la Edad Media castellana y leonesa”, El maravedí, febrero de 2020. http://www.elmaravedi.wordpress.com.

Interpretación. El mapa contiene por capas datos arqueológicos relevantes dispuestos por capas temporales, ordenados con los siguientes criterios:

  • Los colores son utilitarios y se disponen en función de cada capa.
  • La ubicación es muy aproximada, no exacta en todos los casos, sino que puede haber cierta distancia temporal para facilitar la lectura.
  • El lector puede seleccionar cada capa o una suma de ellas.
  • Cada dato registrado se señala con un icono. Los establecidos son los siguientes:
    • martillo: casa de moneda o lugar conocido donde se fabricó numerario
    • máscaras teatrales: escenas de acuñación.
    • hombre caminando: en los años tempranos de emisión monetaria, referencia conocida de residencia de monederos.
    • figura policial: lugar donde se falsificó moneda
    • espadas cruzadas: casas de moneda provisionales vinculadas con acontecimientos bélicos.
  • Especificidades de las capas:
    • Los cuadros en todas las capas incorporan las referencias procurando seguir aspectos cronológicos.
    • Moneda anterior a 1263. Se trata de un tiempo en el que no hay cecas permanentes sino ocasionales. Por esta razón, se incluyen referencias Indirectas como escenas de acuñación o residencia de monederos.
    • Moneda entre 1454 y 1471. Es un período de una gran inestabilidad. La Crónica de Enrique IV menciona una cifra de 150 casas de moneda entre 1465 y 1470 en un tiempo en el que conocemos entre 40 y 50 marcas distintas. Es posible que hubiera varias casas en la misma ciudad. Se han ubicado aquellas localidades en los que el indicio de localización es mínimamente probable, no así con marcas como A románica, EN, etc., que no puede sostenerse su atribución a localidad. Por otra parte, hay documentos que nos informan de la existencia de casas de moneda, como Ciudad Rodrigo; en estos casos se indica una de las posibles marcas utilizadas.
  • Cada dato se describe indicando los datos conocidos. Referencia bibliográfica por remisión: Antonio Roma Valdés, Emisiones monetarias de León y Castilla. Organización, economía, tipos y fuentes, 2010.

Mapa de los tesorillos y otros hallazgos de monda medieval de León y Castilla

Este mapa es el compendio de hallazgos relacionados con la moneda en a corona de Castilla o de moneda fabricada en León y Castilla fuera de su espacio geográfico. La base es Google my maps y puede requerir cuenta de usuario.

Como citar. Debe citarse con la siguiente referencia siguiente: Antonio Roma Valdés, “Mapa de los tesorillos y otros hallazgos de monda medieval de León y Castilla”, El maravedí, enero de 2020. http://www.elmaravedi.wordpress.com. Es igualmente útil la referencia

Interpretación. El mapa contiene por capas datos arqueológicos relevantes dispuestos por capas temporales, ordenados con los siguientes criterios:

  • Los colores son utilitarios y se disponen en función de cada capa.
  • La ubicación es muy aproximada, no exacta en todos los casos, sino que puede haber cierta distancia temporal para facilitar la lectura. Algunos datos se han señalado fuera de mapa por tratarse de hallazgos documentados antiguos, pero de los que se ha perdido la pista o porque proceden de colecciones antiguas enajenados en casas comerciales.
  • El lector puede seleccionar cada capa o una suma de ellas.
  • Cada dato registrado se señala con un icono. Los establecidos son los siguientes:
    • Torre: tesorillo monetario
    • Iglesia: Conjunto monetario formado por acumulación sucesiva de moneda depositada como donación en beneficio del alma por peregrinos.
    • Estrella de David. Conjuntos monetarios vinculados con propietarios judíos en pogromos.
    • Espadas cruzadas. Tesorillo compuesto por emisiones en contextos bélicos, fundamentalmente.
    • Cruz latina. Necrópolis en las que aparecen monedas en sepulturas.
  • Descripción. Cada dato se describe someramente y se indica una posible fecha de ocultación. Se acompaña una referencia bibliográfica por remisión: Antonio Roma Valdés, Emisiones monetarias de León y Castilla. Organización, economía, tipos y fuentes, 2010. La cita del repertorio es obligatoria al citar esta fuente. A su vez, debe citarse la obra que describe cada hallazgo en la bibliografía. Cuando no aparece en el repertorio indicado, se señala autor y fecha de publicación.

 

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Emisiones castellanas de la Edad Media. Descarga gratuita

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Se ofrece en descarga gratuita el libro Emisiones monetarias leonesas y castellanas de la Edad Media, organización, economía, tipos y fuentes, publicado  en 2010. Se trata de la parte central de la tesis doctoral leída en 2008 y que compila y analiza las bases científicas para analizar una materia tan compleja como interesante. No puede entenderse el fenómeno monetario medieval con la simple referencia a un relato historicista, sino que es preciso acudir al método científico, acudiendo a las fuentes originales, que en este punto se sistematizan. Por lo tanto, se detallan los datos concretos de los hallazgos monetarios; se relacionan los documentos que reflejan las emisiones monetarias y la organización de la moneda; se analiza metalográficamente el contenido de  un número amplio de series; y se contextualizan las emisiones leonesas con las coetáneas de otras regiones.

Y no puede entenderse ninguna emisión sin comprender la capacidad y los marcos jurídicos, organizativos y económicos que condicionan la acuñación. Consecuentemente, se analizan los siguientes elementos, obteniendo unas conclusiones que diez años después permanecen plenamente vigentes:

  • La capacidad jurídica para acuñar. Sólo los reyes efectivos tuvieron el poder de acuñar y sólo autorizaron algunas concesiones parciales del derecho a acuñar a Santiago (1107, 1108, 1171, 1182, 1193), Sahagún (1116, 1119), Palencia (1125). Como excepción, sólo algunos pretendientes al trono acuñaron su propia moneda sin ser reyes: Sancho infante (1282), Fernando I de Portugal (1370), Juan de Láncaster (1377, 1380) y Alfonso de Ávila (1467 a 1469). Algunos personajes anunciaron su voluntad de acuñar moneda: Alfonso de la Cerda (1297), Jaime II de Aragón, en Murcia (1296), don Juan Manuel (1334, 1336), pero no alcanzaron a encargar moneda efectiva. Aymar VI, conde de Valence et Die imitó la moneda de Alfonso XI durante la Guerra Fratricida.  El contenido del derecho a a la moneda se manifiesta en la adquisición de los cuños y del metal, la concreción del valor intrínseco y la fabricación de moneda. Además, este derecho comprende la determinación del valor extrínseco, el cambio entre monedas diferentes, la admisión de la circulación de moneda foránea, la quiebra de la moneda propia o la persecución de la falsificación. En las cortes de 1202 el rey vendió su moneda, una operación jurídica compleja que consagra la circulación en exclusiva de la moneda real en los mercados. Hasta entonces, el rey acuñaba dónde y cuándo podía, de manera impulsiva y en cantidades pequeñas. Como matices, el rey donó beneficios del producto de la acuñación únicamente a favor de las autoridades eclesiásticas de Palencia (1140, 1163), Salamanca (1137, 1167, 1186), Lugo (1158), Ciudad Rodrigo (1208), Toledo (1137, 1184, 1192), Segovia (1136), Calahorra (1174) y Zaragoza (1135), muchos menos donatarios que los que se suponen en ciertos; y, entre 1465 y 1471, Enrique IV arrendó el derecho de acuñar moneda de una manera claramente arbitraria en perjuicio del reino.
  • Los monederos leoneses. Inicialmente los encargados de fabricar moneda proceden del sur de Francia y del norte de Italia en las emisiones de 1087 a 1103. Randulfo es el personaje más importante. A partir de entonces, los monederos eran siempre cristianos y, como en la Europa occidental, tenían conocimientos de la metalurgia, la aritmética y se desplazan a demanda para fabricar la moneda, de hecho, los primeros monederos que trabajaron en Castilla lo hacían también en el reino aragonés en el mismo período. Tras un largo silencio en los documentos, en 1164 reaparecen las referencias a monederos, en particular en Salamanca, donde permanecen hasta 1233. Dentro del reino, León es la ciudad que mayores menciones existen de monederos y otras profesiones vinculadas a la fabricación de moneda, caso de ensayadores (Don Raynel, uno de los más antiguos identificados en Europa, 1283) o entalladores (don Marcos, 1279, el primero de los conocidos en todo el reino), además de balanzarios, tesoreros y escribanos. El oficio de monedero cargo se adquiría por vínculos familiares y quienes lo ejercían aparentaban tener un buen nivel de ingresos, en particular en épocas de gran acuñación. Los monederos disfrutaban, además, con importantes privilegios que determinaron conflictividad con los concejos cuando las casas de monedas se asentaron en las ciudades. Los monederos leoneses y castellanos se agrupaban en cabildos y eligían sus alcaldes. Los leoneses, castellanos, navarros y aragoneses, aparentemente también los portugueses, mantuvieron a partir de 1206 una cofradía vinculada a la iglesia leonesa de San Claudio que parecía tener vida hasta 1310 y aun hasta 1332.
  • Las casas de moneda leonesas y castellanas experimentaron una evolución paralela a las europeas. Hasta mediados del siglo XIII cualquier taller con agua, fuelle y horno era útil para la fabricación de moneda. Aquellas ciudades europeas en las que existe una mínima presencia de casa de moneda permanente se sigue denominando hoy día Calle de la Moneda. Muchas de estas calles se encuentran intramuros y frecuentemente se ubican en la proximidad de áreas comerciales. En el reino de León lo apreciamos con Santiago (1189) y León (1199) y sucedió con Salamanca (1228-1256) y Coruña. En Santiago y León se encuentran junto al Camino de Santiago. Los lugares donde sabemos que se acuñó antes de 1263 son León, Santiago, Lugo, Salamanca, Sahagún, Orense, Astorga, Oviedo, Ciudad Rodrigo, Zamora, Palencia, Toledo, Ávila, Segovia, Burgos, Osma, Sigüenza, Nájera (tras 1136), Calahorra (tras 1136), Logroño (tras 1136), Plasencia (tras 1180) y Cuenca (tras 1177). Tras 1200 se inició en Europa un fenómeno de concentración de unos talleres que crecieron en tamaño (por adicción de hornos) y se organizaron de forma más compleja. Este fenómeno coincide con la aparición del término ceca en el sur de Europa. Con algún añadido y no sin momentos limitados de suspensión o cese, las casas de moneda más importantes desde 1263 son Burgos, Coruña, Cuenca, León, Sevilla y Toledo.
  • La producción de moneda depende de la posibilidad de adquirir plata y oro por el titular del derecho a la moneda. En Castilla se ha detectado una mínima actividad minera en Burgos (1142) y Córdoba (s. XV). En Francia hay plata hasta el s. XIII. Sin embargo, la producción se incrementa en Europa central a partir de la segunda mitad del siglo XII y en particular a comienzos del XIV. El pago con lingotes de plata es común en la Europa occidental hasta comienzos del s. XIV. Este fenómeno se manifiesta en León, particularmente en Galicia entre 1137 y 1211. Una de las más importantes vías de llegada de metal al reino procede de la conquista o de las parias de los reinos del sur. Durante el siglo XI, la plata desaparece de Toledo y es abundante en la Meseta Norte, posiblemente el punto de la Europa occidental donde más abunda en este periodo de la Edad Media. Estas parias se prefieren en plata en los momentos anteriores a la fabricación de numerario propio. La segunda vía fundamental de entrada de plata es el Camino de Santiago, por donde entra moneda francesa que circula como propia hasta 1202 y se recibe para la exacción de tributos y el cobro de rentas para la posterior adquisición de inmuebles. En todo caso, la plata susceptible de ser acuñada se incrementa de manera significativa en torno a 1180-1190.
  • Moneda de oro. A diferencia de otras regiones europeas, los reinos castellano y leonés vincularon su economía a la circulación del oro desde el s. XI. El oro era el patrón más admitido al sur de la Cordillera Central, máxime tras la desaparición de la plata cordobesa que accede al norte en forma de parias. A pesar de su fabricación en Toledo, su uso fue escaso en el norte antes de 1112. Entre 1149 y 1153, Alfonso VII fabricó en Baeza sus propios morabetinos que circularon en Toledo, ciudad en la que se fabricó una cantidad análoga entre 1173 y 1183. Su pureza era la misma que los morabetinos almorávides, sin embargo su peso es menor en 1/8 parte. Todos los morabetinos circularon en la meseta de León entre 1137 y 1237, con abundancia especial tras 1175 y hasta 1190. En Galicia y Asturias, donde circulaba oro con menor intensidad, se prefierió la plata. Alfonso X fabricó doblas castellanas en 1272, Sancho IV en 1286 y Alfonso XI  entre 1330 y 1334. El mayor momento de producción de este período corresponde al período próximo a 1360, cuando Pedro I fabricó una ingente cantidad de doblas de oro, múltiplos y divisores. Las necesidades de pago a soldadas al final de la Guerra Fratricida determinaron la desaparición del reino del oro y plata. A partir de 1375, circularon como si de moneda propia se tratase los florines aragoneses.
  • Bimetalismo. La presencia de moneda fabricada en oro y en plata se asumió como una situación normal, sin perjuicio de las preferencias por una u otra moneda, según la región geográfica (por ejemplo, el oro el la meseta desde 1137) o el ámbito económico que domine la relación económica en juego (por ejemplo, la moneda de vellón francesa para el pago de rentas por parte de algunos pequeños propietarios lucenses en el s. XII). Las unidades de cuenta facilitan establecer una comparación entre el valor de la plata y del oro. En los reinos de Castilla y León era común el empleo de morabetinos de cuenta que se cambiaban por x sueldos de dineros a partir de 1140.

Estos son los puntos objetivos de partida, deducidos con base en los métodos científicos modernos reconocidos y sobre los mismos se profundiza el análisis de las monedas castellanas o leonesas, evitando tópicos y anacronismos, permitiendo establecer conclusiones fiables, que el lector podrá seguir a lo largo de la obra.

Una vía interesante, complementada hoy por una obra complementaria imprescindible.

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El sistema monetario de la Taifa de Toledo

Una parte importante de la tesis doctoral, leída en 2008, analiza el funcionamiento del numerario de la Taifa de Toledo. El libro que comprende este apartado se publicó en 2010 y ahora se ofrece su descarga libre, con las consabidas obligación de respetar el derecho de propiedad de su contenido.

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Descargar El sistema monetario de la Taifa de Toledo

Nuevo título sobre moneda medieval

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Imagen: Jesús Vico

En breves fechas saldrá a la venta el título Las monedas leonesas y castellanas del siglo XII, escrito por Antonio Roma Valdés, con la colaboración de Erea Castro Alfonso, Pablo Rueda Rodríguez-Vila y Raúl Sánchez Rincón, con tirada en papel.

Este libro se pregunta por las cuestiones básicas sobre la moneda medieval y trata de contestarlas con el rigor exigible, contrastando fuentes directas y deduciendo con los criterios científicos las conclusiones con aportaciones de otras ramas científicas. El estudio del mensaje que pretenden transmitir quienes encargan la fabricación de monedas es una materia no estudiada de manera separada y específica en los estudios numismáticos. Diversos autores han presenciado en la moneda frecuentemente con omisión de elementos relevantes para comprender las emisiones monetarias en su conjunto.

Falta el estudio de la moneda con la perspectiva de quien la fabrica (que no es el rey) y los ojos de quien la tiene en su mano. Además, los estudios numismáticos han sido presos de la necesidad de clasificar las monedas y atribuirlas a un momento que nunca puede ser lo suficientemente concreto y se olvida que el estudio numismático va mucho más allá de la mera clasificación. Rascar en la superficie y profundizar en el mensaje de la moneda se muestra en estas condiciones como un ejercicio necesario para entender la moneda medieval y, eventualmente y con acompañamiento de otros factores no limitados a un historicismo decimonónico, para ayudar establecer criterios científicamente rigurosos de clasificación.

El marco temporal elegido para este estudio es el siglo XII junto con los años inmediatamente anteriores y posteriores, un período de explosión cultural en la Europa occidental a través, entre otros factores, de la irrupción del románico, un fenómeno cultural con impresionantes manifestaciones en arquitectura, escultura, pintura y otras artes de las que forma parte la moneda. Y el marco espacial es el formado por los reinos de Castilla y León, con referencias a la presentación del mensaje en otras regiones aledañas.

En el período románico el empleo de símbolos es una forma de lenguaje fundamental, una vía de acceso al conocimiento que aproxima al observador con las realidades inmateriales o espirituales que se basa en una convención perfectamente asumido por los contemporáneos. En estas condiciones, el símbolo es necesario tanto para quien transmite un mensaje como para quien debe interpretarlo y se basa en una abstracción que requiere de una mínima iniciación que impide que en algunos casos nos resulte perfectamente identificable en la actualidad.

La variedad de los tipos y su vinculación con elementos iconográficos complejos constituyen los elementos más difíciles de afrontar en el estudio de las monedas medievales leonesas y castellanas. De entre el conjunto de emisiones de la Edad Media europea, las realizadas por encargo de los reyes leoneses y castellanos del s. XII son excepcionales por la variedad tipológica y la razón de este fenómeno ha sido pasada completamente por alto. Su explicación requiere preguntarse dos cuestiones, la primera, porqué tantas emisiones; la segunda, porqué todas responden a tipos tan distintos.

Por lo tanto, se trata de contestar a estas preguntas sobre la base del análisis transversal de los aspectos fundamentales que permiten obtener datos contrastables. En la tesis doctoral del autor principal, titulada Emisiones monetarias leonesas y castellanas de la Edad Media. Organización, economía, tipos y fuentes, leída el año 2008 y publicada en 2010, se indagaron los aspectos organizativos que condicionan la producción monetaria. Sin embargo, no se aportó una explicación a la variedad tipológica característica de las monedas leonesas y castellanas del s. XII. Se analizaron las limitaciones del rey para acuñar, esto es, los aspectos jurídicos, técnicos y económicos que condicionan las acuñaciones, pero sin profundizar en las razones del enorme elenco de tipos monetarios. Con un apoyo en la literatura científica internacional, se añadían nuevos análisis metalográficos, se consideraron los datos arqueológicos y se realizaron diversos estudios transversales relativos a la identidad y otros aspectos relativos a los monederos medievales, la técnica de fabricación, el proceso de instalación e institucionalización de las casas de moneda, el movimiento internacional de los metales y sobre todo ello se interpretaron las emisiones monetarias medievales leonesas y castellanas, con mayor detalle desde 1190 en adelante, que es hasta donde las fuentes directas entonces empleadas en su momento permitían llegar con el mínimo rigor científico. Más reciente en el tiempo, en Románico y gótico en la moneda medieval castellana y leonesa, libro que cuenta con varios miles de lecturas, se dan cuenta de los aspectos artísticos.

La explicación a la variedad monetaria del s. XII exige una mayor observación del propio numerario de manera fundamental y realizar nuevos análisis transversales, en este caso alusivos a la iconografía de los tipos, al latín empleado en las leyendas y a los sistemas de marcas monetarias. Y se compara el fenómeno monetario con otros aspectos de importancia en el período como la filología latina, la orfebrería, la cantería, la sigilografía y la diplomática. Además, nuevos datos sobre el origen de los monederos y las formas de uso de la moneda por quienes las tienen en su mano son materias que permiten contestar las grandes incógnitas que plantean estas series tempranas.

La estructura del libro responde a la presentación de la moneda desde una perspectiva alejada de la visión centrada en el poder emisor. Comprender las acuñaciones exige ir mucho más allá y limitar su observación al interés real supone preterir aspectos fundamentales y una baza fundamental para errar el disparo. Pero también hay que entender esta motivación y por ahí se comienza, enfrentando al rey con su voluntad para emitir numerario. Sin embargo, es preciso profundizar en otros aspectos que son fundamentales para entenderla, comenzando por saber quién decide de forma más o menos detallada qué han de representar los tipos monetarios y a través de qué criterios para después sentar al tallador de cuños ante estos instrumentos limpios, poner el cuño en las manos de los monederos que la deben acuñar y finalmente guardar las monedas acuñadas en el zurrón de los paisanos. Con otras palabras, el análisis se realiza leyendo los tipos y su simbología, apreciando la forma en que se expresan las leyendas, para terminar, estudiando cómo los campesinos y comerciantes se relacionan con el dinero.

Romper las reglas trae consigo muchas las novedades en las conclusiones. Los lectores arraigados en ideas preconcebidas o carentes de sentido crítico se verán sorprendidos. No se pretende convencer sino razonar y abrir perspectivas.

Para finalizar, advertir que no se encuentra ante una obra individual. En la autoría aparecen otros autores numismáticos, como Erea Castro Alfonso, conservadora del Museo de Pontevedra, cuyos conocimientos artísticos facilitan entender el mensaje iconográfico; Raúl Sánchez Rincón, el arqueólogo alavés con el que se estudia la visión de la moneda por parte de sus contemporáneos; y el jurista Pablo Rueda Rodríguez-Vila en el estudio de la configuración del poder real sobre la moneda, además de otras aportaciones. La lectura común del texto final ha enriquecido el conjunto. Pero hay otras opiniones muy valiosas, como las de Ana Serrano o Francisco Cebreiro.

Cuarentena

De vez en cuando aparecen monedas desconocidas que ayudan a entender las emisiones monetarias de cualquier período. En los últimos tiempos, la venta pública de grandes colecciones antiguas, acompañadas de excelentes reproducciones, nos ha permitido aclara nuestra percepción. También hemos visto otras monedas que, cuando menos, confunden.

Recientemente la importante casa de subastas Heritage Auctions ha puesto a la venta dos morabetinos castellanos de oro que parecen dirigidos a romper los esquemas. Son dos ventas sencillamente rompedoras, sorprendentes… mucho. Vaya por delante que esta entrada no pretende afirmar la falsedad de las monedas subastadas. Bien es cierto que tampoco las incluiría por mi parte en un repertorio de monedas medievales castellanas, ni tampoco dedicaría a ellas una contribución para su publicación en una revista científica. Bien es verdad que no faltan contribuciones de autores que las han interpretado con distintas pretensiones y enfoques que empero no consideran los esquemas organizativos de las emisiones castellanas del s. XIII.

Llama la atención que en un período breve de tiempo una casa de subastas no especializada en moneda castellana enajene de manera consecutiva dos ejemplares excepcionales. En agosto de 2015 se ofreció a la venta un ejemplar al que ya se dedicó una entrada en este blog caracterizado por la sustitución de la expresión ALF en una cada por la de hENRIC, entre otras expresiones que cambian en el texto escrito en árabe. En agosto de 2018 se puso a la venta un morabetino con la referencia a Sevilla y con la fecha correspondiente al año 1264, muy alejada en el tiempo de los últimos emitidos con alusión a Alfonso VIII y en una ciudad que no es Toledo. Rompedores absolutamente.

El morabetino alusivo a Enrique es llamativo, mucho. Los llamados morabetinos alfonsinos en la documentación del período tienen la expresión ALF y se acuñan hasta el año 1256 de la era del Safar, equivalente al año 1218. Sin embargo, este ejemplar corresponde al año 1253 (1215). Es poco comprensible que se sustituyera en ese año la referencia ALF, perfectamente identificadora de una moneda de prestigio por otra distinta y, por otra parte, es inexplicable por qué a continuación se sigan acuñando ejemplares con la vieja referencia ALF. Y no se entiende que existan ejemplares con la misma fecha de 1253 que, sin embargo, mantienen ALF y no hENRIC. Eso sí, el ejemplar es de una aparente buena técnica.y quien haya escrito en el cuño parece saber qué quería decir. Eso sí, añadiendo de forma absolutamente inusual el numeral al nombre del progenitor del rey. ¿Falsificación?, ¿fantasía?, ¿auténtica?… Cuarentena.

Esta es la foto de Heritage Auctions.

El segundo morabetino es igualmente llamativo. Aparentemente, hay dos ejemplares que proceden de cuños diferentes, aspecto que puede permitir suponer la autenticidad. Quedémonos con varios datos: se indica la acuñación en Sevilla, supongamos que en la casa de moneda, el año 1264 y con el valor de un morabetino algo bajo de peso. La imagen de la moneda subastada se acompaña un texto que acude a un documento publicado en 1838 por Vicente Argüello y que autores más recientes como Pío Beltrán o Josep Pellicer han dado interpretaciones que no favorecen suponer el regreso a la fabricación de morabetinos adaptados a las formas antiguas. Pero pensemos qué tenemos entre manos.

Lo primero el valor, el morabetino, aparentemente más bajo de peso. Pues bien, los morabetinos toledanos dejan de fabricarse en  un tiempo en el que a la reducción del volumen de oro en circulación se une el hecho de la sustitución del valor de la unidad de referencia de oro: a los morabetinos de cerca de 3,88 g les sustituyen las doblas almohades de algo más de 4,60 g, fabricadas y usadas en Sevilla. De hecho y para ser más concreto, en 1264 es difícil imaginar la circulación de morabetinos en Sevilla. El propio Alfonso X acuña en esa ciudad en 1270 ó 1272 doblas castellanas. Por añadidura, en 1264 Alfonso X establece la acuñación de una moneda llamada “de la guerra” con valores en plata pura y vellón, caracterizados por poner la leyenda en seis líneas en una cara y dos castillos y dos leones  en la contraria.

Lo segundo, que el rey Alfonso VIII está en 1264 en un proceso de organización de las casas de moneda, que se centralizan en un conjunto de ciudades, de algunas de las cuales tenemos documentación. Una de las figuras fundamentales de las mismas es la del tallador o entallador, encargado de la fabricación de cuños. El único tallador conocido de este período es don Marcos, de León, en 1277, con seguridad cristiano.

Lo tercero, Alfonso X, aspirante al sacro imperio, es un rey que realiza unas emisiones monetarias con una importante carga propagandística, unificando los emblemas de León y Castilla. Y aquí nada hay de esto: se vuelve a la referencia de Alfonso VIII en monedas escritas en árabe.

Resulta que en Sevilla se acuña moneda de oro con cuños escritos en árabe, supuestamente por un entallador especial, con un valor en desuso y sin la carga propagandística propia de Alfonso X. No encaja: las nuevas casas de moneda no están preparadas para realizar esta emisión, el mercado no está adaptado al viejo valor, el rey no da señales de querer volver a aquel valor cuando poco después fabrica moneda de oro conforme al patrón almohade. Cuarentena.

Ninguna colección antigua o moderna de las vendidas recientemente contiene ejemplares semejantes. Además, son los únicos morabetinos castellanos puestos a la venta en la misma casa de subastas y en un tiempo muy corto. A pesar del texto explicativo publicado, susceptible tanto de agradecimiento como de discusión, no se da un aporte fundamental, a saber, si el propietario de las monedas es la misma persona porque, si así fuera, la sospecha sería la única respuesta: resulta que una casa de subastas no especializada ofrece al público morabetinos castellanos, sólo dos piezas (ninguna otra en sus campos de búsqueda) y ambas excepcionales. No pido que se publiquen datos de origen, pero no estaría de más que se dijera si el propietario vendedor es o no el mismo.

El medievalismo numismático en inglés

La reciente desaparición de Peter Spufford (1934-2017)  supone una importante pérdida para los estudiosos de las monedas medievales europeas. Peter Spufford era fellow del Queen’s College de Cambridge, profesor de Historia económica y catedrático de Historia Europea. En sus estudios de historia económica refleja la presencia de la moneda desde una visión muy profunda del conocimiento tanto de la documentación como del testimonio material que es la moneda. Brillante en sus exposiciones personales lo era también por escrito. Entre sus virtudes, destacar su visión de todo el contexto europeo, de manera que sitúa cada economía monetaria en relación con las demás de una manera comprensible.

No es la única autoridad desaparecida recientemente. Vinculado también con la universidad de Cambridge el irlandés Philip Grierson (1910-2006) era profesor de numismática y conservador del Fitzwilliam Museum. Grierson formó una importantísima colección de monedas europeas que en la actualidad se encuentran en la institución y , sobe todo, es un excelente científico gracias una visión amplia de la numismática en modo alguno local.

Vinculo con la misma universidad, Marc Blackburn (1953-2011) también dedicó algunos escritos a esta materia.

La última figura a estacar en el Reino Unido es David Michael Metcalf (1933), inactivo en los últimos años, y conservador del Ashmolean Museum y profesor e la Universidad de Oxford. Autor de numerosas publicaciones, deben destacarse su contribuciones a la metodología, aproximándose a la moneda desde las perspectivas del estudio metalúrgico, la estadística y la arqueología. Su obra es amplísima y, como la de los anteriores, muy recomendable.

En Estados Unidos destacar a John Carpenter Miles (1904-1975), cuya implicación con la Universidad de Princeton y la American numismatic Society le permitió conocer la colecciones de moneda pertenecientes a la Hispanic Society.

Hoy sigue habiendo otro grandes historiadores con dedicación a la moneda medieval, como Andrew Burnett, Pamela Nightingale, J. L. Bolton o Roi Naysmith. Algunos casos más especializados son destacables como el profesor de Princeton Alan Stahl o el conservador asistente del Museo Fitzwilliam Richard Kelleher, a quienes debemos grandes trabajos que implican una continuación de este período.

Con todo y con ello, la desaparición o el cese de actividad de los señalados más arriba supone el cierre de una época brillante y sus escritos, que supusieron un empuje al estudio de la numismática medieval entre los años sesenta y noventa, deberían ser conocidos por cualquiera que pretenda acercarse a la materia. Su visión es amplia, no sólo por aproximarse a la moneda desde nuevas perspectivas metodológicas sino también por la omnicomprensión de la moneda, vista ahora al margen de los aspectos descriptivos y enfoques meramente historicistas propios del s. XIX. No entienden la moneda desde una perspectiva local sino que la moneda se sitúa en términos mejor contextualizados y, aunque en ocasiones se refieren a series de un determinado espacio y lugar, su enfoque es universal.

Un poco de bibliografía de estos nuevos clásicos útil para conocer las monedas medievales españolas:

D. M. Metcalf

  1. “A hoard of billon of Fernando IV”, American Numismatic Society Museum Notes 18, 1972, 87-107
  2. “A parcel of coins of Alfonso VI of Leon (1073-1109)”, Problems of Medieval Coinage in the Iberian Area 3, Santarem, 1988, 287-300
  3. “The coinage of the first and second Suevoc kingdoms: from romanitas to latinization”, Galicia: da romanidade á xermanización, Santiago, 1992, 355-365
  4. “Where were suevic coins minted?”, IV Congresso Nacional de Numismática. Actas. Assodaçao Numismática de Portugal, Lisboa, 1998, 57-67
  5. “Visigothic Monetary History: The Facts, what Facts?”, En ALBERTO FERREIRO, The Visigothics. Studies in Culture and Society, Brill, 1999, 201-217
  6. D. M. METCALF, J. M. MERRICK, L. K. HAMBLIN, Studies in composition of early medieval coins, Minerva, Newcastle upon Tyne, 1968

P. Spufford

  1. “Mint organization in late medieval Europe”, N. J. MAYHEW, P. SPUFFORD, Late Medieval Mints: Organisation, Administration and Techniques, The Eighth Oxford Symposium on Coinage and Monetary History, British Archaeological Reports 389, 1988, 7-29.
  2. Dinero y moneda en la Europa medieval, Barcelona, 1991.
  3. “Financial marketsand money movements in the Medieval Occident”, Viajeros, peregrinos, mercaderes en el occidente medieval, Pamplona, 1992, 201-216.
  4. “Monetary practice and monetary theory in Europe (XII th -XV th centuries)”, Moneda y monedas en la Europa Medieval (siglos XII-XV), XXVI Semana de Estudios Medievales, Estella- Lizarra, 19-23 julio 1999, Pamplona, 2000, 19-52.
  5. “Conclusioni”, I Luoghy della moneta. Le sedi delle zecche dall’antichità all’etta Moderna, Atti del Convengo internazionale 22-23 ottobre 1999, Milano, Milán, 2001, 157-168.
  6. “The Mint Buildings of Medieval Europe”, XIII Congreso Internacional de Numismática, Madrid 2003, Actas, Madrid, 2005, 1059-1065

P. Grierson

  1. Coins of Medieval Europe, Londres, 1991
  2. Crusafont, M., Balaguer, A. M., Grierson, P., Medieval European Coinage: Volume 6, The Iberian Peninsula, Cambridge, 2014

G. C. Miles

  1. The coinage of Umayyad of Spain, Nueva York, 1950.
  2. The Coinage of the Visigotlis of Spain. Leovigild to Achila II, Hispanic Monetary Series, ANS, Nueva York, 1952.

  3. Coins of the Spanish Muluk al-Tuwaif, Nueva York, 1954