libro

Emisiones castellanas de la Edad Media. Descarga gratuita

portada1

Se ofrece en descarga gratuita el libro Emisiones monetarias leonesas y castellanas de la Edad Media, organización, economía, tipos y fuentes, publicado  en 2010. Se trata de la parte central de la tesis doctoral leída en 2008 y que compila y analiza las bases científicas para analizar una materia tan compleja como interesante. No puede entenderse el fenómeno monetario medieval con la simple referencia a un relato historicista, sino que es preciso acudir al método científico, acudiendo a las fuentes originales, que en este punto se sistematizan. Por lo tanto, se detallan los datos concretos de los hallazgos monetarios; se relacionan los documentos que reflejan las emisiones monetarias y la organización de la moneda; se analiza metalográficamente el contenido de  un número amplio de series; y se contextualizan las emisiones leonesas con las coetáneas de otras regiones.

Y no puede entenderse ninguna emisión sin comprender la capacidad y los marcos jurídicos, organizativos y económicos que condicionan la acuñación. Consecuentemente, se analizan los siguientes elementos, obteniendo unas conclusiones que diez años después permanecen plenamente vigentes:

  • La capacidad jurídica para acuñar. Sólo los reyes efectivos tuvieron el poder de acuñar y sólo autorizaron algunas concesiones parciales del derecho a acuñar a Santiago (1107, 1108, 1171, 1182, 1193), Sahagún (1116, 1119), Palencia (1125). Como excepción, sólo algunos pretendientes al trono acuñaron su propia moneda sin ser reyes: Sancho infante (1282), Fernando I de Portugal (1370), Juan de Láncaster (1377, 1380) y Alfonso de Ávila (1467 a 1469). Algunos personajes anunciaron su voluntad de acuñar moneda: Alfonso de la Cerda (1297), Jaime II de Aragón, en Murcia (1296), don Juan Manuel (1334, 1336), pero no alcanzaron a encargar moneda efectiva. Aymar VI, conde de Valence et Die imitó la moneda de Alfonso XI durante la Guerra Fratricida.  El contenido del derecho a a la moneda se manifiesta en la adquisición de los cuños y del metal, la concreción del valor intrínseco y la fabricación de moneda. Además, este derecho comprende la determinación del valor extrínseco, el cambio entre monedas diferentes, la admisión de la circulación de moneda foránea, la quiebra de la moneda propia o la persecución de la falsificación. En las cortes de 1202 el rey vendió su moneda, una operación jurídica compleja que consagra la circulación en exclusiva de la moneda real en los mercados. Hasta entonces, el rey acuñaba dónde y cuándo podía, de manera impulsiva y en cantidades pequeñas. Como matices, el rey donó beneficios del producto de la acuñación únicamente a favor de las autoridades eclesiásticas de Palencia (1140, 1163), Salamanca (1137, 1167, 1186), Lugo (1158), Ciudad Rodrigo (1208), Toledo (1137, 1184, 1192), Segovia (1136), Calahorra (1174) y Zaragoza (1135), muchos menos donatarios que los que se suponen en ciertos; y, entre 1465 y 1471, Enrique IV arrendó el derecho de acuñar moneda de una manera claramente arbitraria en perjuicio del reino.
  • Los monederos leoneses. Inicialmente los encargados de fabricar moneda proceden del sur de Francia y del norte de Italia en las emisiones de 1087 a 1103. Randulfo es el personaje más importante. A partir de entonces, los monederos eran siempre cristianos y, como en la Europa occidental, tenían conocimientos de la metalurgia, la aritmética y se desplazan a demanda para fabricar la moneda, de hecho, los primeros monederos que trabajaron en Castilla lo hacían también en el reino aragonés en el mismo período. Tras un largo silencio en los documentos, en 1164 reaparecen las referencias a monederos, en particular en Salamanca, donde permanecen hasta 1233. Dentro del reino, León es la ciudad que mayores menciones existen de monederos y otras profesiones vinculadas a la fabricación de moneda, caso de ensayadores (Don Raynel, uno de los más antiguos identificados en Europa, 1283) o entalladores (don Marcos, 1279, el primero de los conocidos en todo el reino), además de balanzarios, tesoreros y escribanos. El oficio de monedero cargo se adquiría por vínculos familiares y quienes lo ejercían aparentaban tener un buen nivel de ingresos, en particular en épocas de gran acuñación. Los monederos disfrutaban, además, con importantes privilegios que determinaron conflictividad con los concejos cuando las casas de monedas se asentaron en las ciudades. Los monederos leoneses y castellanos se agrupaban en cabildos y eligían sus alcaldes. Los leoneses, castellanos, navarros y aragoneses, aparentemente también los portugueses, mantuvieron a partir de 1206 una cofradía vinculada a la iglesia leonesa de San Claudio que parecía tener vida hasta 1310 y aun hasta 1332.
  • Las casas de moneda leonesas y castellanas experimentaron una evolución paralela a las europeas. Hasta mediados del siglo XIII cualquier taller con agua, fuelle y horno era útil para la fabricación de moneda. Aquellas ciudades europeas en las que existe una mínima presencia de casa de moneda permanente se sigue denominando hoy día Calle de la Moneda. Muchas de estas calles se encuentran intramuros y frecuentemente se ubican en la proximidad de áreas comerciales. En el reino de León lo apreciamos con Santiago (1189) y León (1199) y sucedió con Salamanca (1228-1256) y Coruña. En Santiago y León se encuentran junto al Camino de Santiago. Los lugares donde sabemos que se acuñó antes de 1263 son León, Santiago, Lugo, Salamanca, Sahagún, Orense, Astorga, Oviedo, Ciudad Rodrigo, Zamora, Palencia, Toledo, Ávila, Segovia, Burgos, Osma, Sigüenza, Nájera (tras 1136), Calahorra (tras 1136), Logroño (tras 1136), Plasencia (tras 1180) y Cuenca (tras 1177). Tras 1200 se inició en Europa un fenómeno de concentración de unos talleres que crecieron en tamaño (por adicción de hornos) y se organizaron de forma más compleja. Este fenómeno coincide con la aparición del término ceca en el sur de Europa. Con algún añadido y no sin momentos limitados de suspensión o cese, las casas de moneda más importantes desde 1263 son Burgos, Coruña, Cuenca, León, Sevilla y Toledo.
  • La producción de moneda depende de la posibilidad de adquirir plata y oro por el titular del derecho a la moneda. En Castilla se ha detectado una mínima actividad minera en Burgos (1142) y Córdoba (s. XV). En Francia hay plata hasta el s. XIII. Sin embargo, la producción se incrementa en Europa central a partir de la segunda mitad del siglo XII y en particular a comienzos del XIV. El pago con lingotes de plata es común en la Europa occidental hasta comienzos del s. XIV. Este fenómeno se manifiesta en León, particularmente en Galicia entre 1137 y 1211. Una de las más importantes vías de llegada de metal al reino procede de la conquista o de las parias de los reinos del sur. Durante el siglo XI, la plata desaparece de Toledo y es abundante en la Meseta Norte, posiblemente el punto de la Europa occidental donde más abunda en este periodo de la Edad Media. Estas parias se prefieren en plata en los momentos anteriores a la fabricación de numerario propio. La segunda vía fundamental de entrada de plata es el Camino de Santiago, por donde entra moneda francesa que circula como propia hasta 1202 y se recibe para la exacción de tributos y el cobro de rentas para la posterior adquisición de inmuebles. En todo caso, la plata susceptible de ser acuñada se incrementa de manera significativa en torno a 1180-1190.
  • Moneda de oro. A diferencia de otras regiones europeas, los reinos castellano y leonés vincularon su economía a la circulación del oro desde el s. XI. El oro era el patrón más admitido al sur de la Cordillera Central, máxime tras la desaparición de la plata cordobesa que accede al norte en forma de parias. A pesar de su fabricación en Toledo, su uso fue escaso en el norte antes de 1112. Entre 1149 y 1153, Alfonso VII fabricó en Baeza sus propios morabetinos que circularon en Toledo, ciudad en la que se fabricó una cantidad análoga entre 1173 y 1183. Su pureza era la misma que los morabetinos almorávides, sin embargo su peso es menor en 1/8 parte. Todos los morabetinos circularon en la meseta de León entre 1137 y 1237, con abundancia especial tras 1175 y hasta 1190. En Galicia y Asturias, donde circulaba oro con menor intensidad, se prefierió la plata. Alfonso X fabricó doblas castellanas en 1272, Sancho IV en 1286 y Alfonso XI  entre 1330 y 1334. El mayor momento de producción de este período corresponde al período próximo a 1360, cuando Pedro I fabricó una ingente cantidad de doblas de oro, múltiplos y divisores. Las necesidades de pago a soldadas al final de la Guerra Fratricida determinaron la desaparición del reino del oro y plata. A partir de 1375, circularon como si de moneda propia se tratase los florines aragoneses.
  • Bimetalismo. La presencia de moneda fabricada en oro y en plata se asumió como una situación normal, sin perjuicio de las preferencias por una u otra moneda, según la región geográfica (por ejemplo, el oro el la meseta desde 1137) o el ámbito económico que domine la relación económica en juego (por ejemplo, la moneda de vellón francesa para el pago de rentas por parte de algunos pequeños propietarios lucenses en el s. XII). Las unidades de cuenta facilitan establecer una comparación entre el valor de la plata y del oro. En los reinos de Castilla y León era común el empleo de morabetinos de cuenta que se cambiaban por x sueldos de dineros a partir de 1140.

Estos son los puntos objetivos de partida, deducidos con base en los métodos científicos modernos reconocidos y sobre los mismos se profundiza el análisis de las monedas castellanas o leonesas, evitando tópicos y anacronismos, permitiendo establecer conclusiones fiables, que el lector podrá seguir a lo largo de la obra.

Una vía interesante, complementada hoy por una obra complementaria imprescindible.

portada

Nuevo título sobre moneda medieval

194a

Imagen: Jesús Vico

En breves fechas saldrá a la venta el título Las monedas leonesas y castellanas del siglo XII, escrito por Antonio Roma Valdés, con la colaboración de Erea Castro Alfonso, Pablo Rueda Rodríguez-Vila y Raúl Sánchez Rincón, con tirada en papel.

Este libro se pregunta por las cuestiones básicas sobre la moneda medieval y trata de contestarlas con el rigor exigible, contrastando fuentes directas y deduciendo con los criterios científicos las conclusiones con aportaciones de otras ramas científicas. El estudio del mensaje que pretenden transmitir quienes encargan la fabricación de monedas es una materia no estudiada de manera separada y específica en los estudios numismáticos. Diversos autores han presenciado en la moneda frecuentemente con omisión de elementos relevantes para comprender las emisiones monetarias en su conjunto.

Falta el estudio de la moneda con la perspectiva de quien la fabrica (que no es el rey) y los ojos de quien la tiene en su mano. Además, los estudios numismáticos han sido presos de la necesidad de clasificar las monedas y atribuirlas a un momento que nunca puede ser lo suficientemente concreto y se olvida que el estudio numismático va mucho más allá de la mera clasificación. Rascar en la superficie y profundizar en el mensaje de la moneda se muestra en estas condiciones como un ejercicio necesario para entender la moneda medieval y, eventualmente y con acompañamiento de otros factores no limitados a un historicismo decimonónico, para ayudar establecer criterios científicamente rigurosos de clasificación.

El marco temporal elegido para este estudio es el siglo XII junto con los años inmediatamente anteriores y posteriores, un período de explosión cultural en la Europa occidental a través, entre otros factores, de la irrupción del románico, un fenómeno cultural con impresionantes manifestaciones en arquitectura, escultura, pintura y otras artes de las que forma parte la moneda. Y el marco espacial es el formado por los reinos de Castilla y León, con referencias a la presentación del mensaje en otras regiones aledañas.

En el período románico el empleo de símbolos es una forma de lenguaje fundamental, una vía de acceso al conocimiento que aproxima al observador con las realidades inmateriales o espirituales que se basa en una convención perfectamente asumido por los contemporáneos. En estas condiciones, el símbolo es necesario tanto para quien transmite un mensaje como para quien debe interpretarlo y se basa en una abstracción que requiere de una mínima iniciación que impide que en algunos casos nos resulte perfectamente identificable en la actualidad.

La variedad de los tipos y su vinculación con elementos iconográficos complejos constituyen los elementos más difíciles de afrontar en el estudio de las monedas medievales leonesas y castellanas. De entre el conjunto de emisiones de la Edad Media europea, las realizadas por encargo de los reyes leoneses y castellanos del s. XII son excepcionales por la variedad tipológica y la razón de este fenómeno ha sido pasada completamente por alto. Su explicación requiere preguntarse dos cuestiones, la primera, porqué tantas emisiones; la segunda, porqué todas responden a tipos tan distintos.

Por lo tanto, se trata de contestar a estas preguntas sobre la base del análisis transversal de los aspectos fundamentales que permiten obtener datos contrastables. En la tesis doctoral del autor principal, titulada Emisiones monetarias leonesas y castellanas de la Edad Media. Organización, economía, tipos y fuentes, leída el año 2008 y publicada en 2010, se indagaron los aspectos organizativos que condicionan la producción monetaria. Sin embargo, no se aportó una explicación a la variedad tipológica característica de las monedas leonesas y castellanas del s. XII. Se analizaron las limitaciones del rey para acuñar, esto es, los aspectos jurídicos, técnicos y económicos que condicionan las acuñaciones, pero sin profundizar en las razones del enorme elenco de tipos monetarios. Con un apoyo en la literatura científica internacional, se añadían nuevos análisis metalográficos, se consideraron los datos arqueológicos y se realizaron diversos estudios transversales relativos a la identidad y otros aspectos relativos a los monederos medievales, la técnica de fabricación, el proceso de instalación e institucionalización de las casas de moneda, el movimiento internacional de los metales y sobre todo ello se interpretaron las emisiones monetarias medievales leonesas y castellanas, con mayor detalle desde 1190 en adelante, que es hasta donde las fuentes directas entonces empleadas en su momento permitían llegar con el mínimo rigor científico. Más reciente en el tiempo, en Románico y gótico en la moneda medieval castellana y leonesa, libro que cuenta con varios miles de lecturas, se dan cuenta de los aspectos artísticos.

La explicación a la variedad monetaria del s. XII exige una mayor observación del propio numerario de manera fundamental y realizar nuevos análisis transversales, en este caso alusivos a la iconografía de los tipos, al latín empleado en las leyendas y a los sistemas de marcas monetarias. Y se compara el fenómeno monetario con otros aspectos de importancia en el período como la filología latina, la orfebrería, la cantería, la sigilografía y la diplomática. Además, nuevos datos sobre el origen de los monederos y las formas de uso de la moneda por quienes las tienen en su mano son materias que permiten contestar las grandes incógnitas que plantean estas series tempranas.

La estructura del libro responde a la presentación de la moneda desde una perspectiva alejada de la visión centrada en el poder emisor. Comprender las acuñaciones exige ir mucho más allá y limitar su observación al interés real supone preterir aspectos fundamentales y una baza fundamental para errar el disparo. Pero también hay que entender esta motivación y por ahí se comienza, enfrentando al rey con su voluntad para emitir numerario. Sin embargo, es preciso profundizar en otros aspectos que son fundamentales para entenderla, comenzando por saber quién decide de forma más o menos detallada qué han de representar los tipos monetarios y a través de qué criterios para después sentar al tallador de cuños ante estos instrumentos limpios, poner el cuño en las manos de los monederos que la deben acuñar y finalmente guardar las monedas acuñadas en el zurrón de los paisanos. Con otras palabras, el análisis se realiza leyendo los tipos y su simbología, apreciando la forma en que se expresan las leyendas, para terminar, estudiando cómo los campesinos y comerciantes se relacionan con el dinero.

Romper las reglas trae consigo muchas las novedades en las conclusiones. Los lectores arraigados en ideas preconcebidas o carentes de sentido crítico se verán sorprendidos. No se pretende convencer sino razonar y abrir perspectivas.

Para finalizar, advertir que no se encuentra ante una obra individual. En la autoría aparecen otros autores numismáticos, como Erea Castro Alfonso, conservadora del Museo de Pontevedra, cuyos conocimientos artísticos facilitan entender el mensaje iconográfico; Raúl Sánchez Rincón, el arqueólogo alavés con el que se estudia la visión de la moneda por parte de sus contemporáneos; y el jurista Pablo Rueda Rodríguez-Vila en el estudio de la configuración del poder real sobre la moneda, además de otras aportaciones. La lectura común del texto final ha enriquecido el conjunto. Pero hay otras opiniones muy valiosas, como las de Ana Serrano o Francisco Cebreiro.

Numismática de Uruguay

La República Oriental del Uruguay se independiza en un proceso que alcanza el año 1828 y sus constituciones datan de 1830, 1918, 1934, 1942, 1952 y 1967. Sus primeras emisiones se encargan a talleres ubicados fuera del país.

 

a) Museos numismáticos

Aunque hay piezas de interés numismático en otros museos, los museos numismáticos más importantes son el Museo Numismático del Banco Central del Uruguay, los Museos del Gaucho y la Moneda del Banco de la República Oriental del Uruguay, creado en 1923 como Museo Bancario.

Por otro lado, el medallista de origen napolitano Gerónimo Tammaro desarrolló desde 1888 en Montevideo una actividad medallística que se preserva en el museo de su taller.

b) Coleccionismo y asociaciones numismáticas

La actividad numismática en Uruguay se demora hasta comienzos del s. XX pero es intensa desde entonces. En 1920 se creó el Centro de Coleccionistas del Uruguay, que llegó a ser presidido por el médico Francisco N. Oliveres, cuya biblioteca se conserva en el Museo Agustín Araújo de Montevideo, que agrupaba numismáticos y filatélicos y que se disolvió el año 1950.

El Instituto Uruguayo de Numismática se crea en 1955 con la presidencia de Martín Usabiaga Sala y desarrolla desde entonces una intensa actividad. En 1957 organiza la Primera Exposición Uruguaya de Numismática, y desde 1957 publica una interesante revista: el Boletín del Instituto Uruguayo de Numismática, más adelante denominado Numismática.

c) Creación numismática

Las obras publicadas responden a esta relación cronológica:

  • Francisco N. Oliveres, Apuntes Sobre Numismática Nacional, 1924
  • Ramón Mora Magariños, Pintura y Escultura: Retratos y Estatuas Ecuestres. Numismática: Las monedas del centenario uruguayo. El Lazo, Las Boleadoras y La Taba, 1937
  • Andrés M. Mata, Monetario Uruguayo, 1954
  • Antonio Odicini Lezama, El Régimen Monetario del Uruguay 1829-1955, 1958
  • Banco de San José, La Patria a través de las monedas. Cincuentenario del Banco de San José, 1959
  • Banco de la República Oriental del Uruguay, Museo Bancario, 1961
  • Academia Uruguaya de Numismática y Bibliofilia, Numismática Universal. Exposición 75 Aniversario Banco de Cobranzas, 1964
  • Alcedo Almanzar y Dale Seppa, The coins of Uruguay, 1971
  • José Pedro Argul, Cien Medallas del Uruguay, 1972
  • Ramón Ricardo Pampín, Nociones Elementales de Numismática, 1973

 

El placer de una buena lectura

721fdee0-dcc8-4432-9afd-90f1d6ca4f08.jpg

Nada más interesante que una buena lectura numismática. Cualquier libro o catálogo enseña mucho más que una colección de monedas, sobre el estudio y el análisis de los que nos precedieron. Todos los libros y manuscritos del Renacimiento al Romanticismo y aún más cerca, están a disposición en este enlace.

Numismática mejicana

Sin título.png

Méjico es la capital del Virreinato de Nueva España desde su creación en el s. XVI y controlaba territorios desde el Caribe a las Islas Filipinas. Su proceso de independencia comienza en 1809 y se desarrolla con algunas incidencias hasta su acta de independencia en 1821. Las constituciones de los Estados Unidos Mexicanos datan de 1824, 1836, 1857 y 1917.

a) Los museos e instituciones académicas

Las ideas ilustradas se manifiestan en Méjico a través de la pervivencia y creación de nuevas instituciones académicas. En 1783 se había fundado la Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos, más tarde la Academia de San Carlos, con sede inicial en la Casa de la Moneda. En el período revolucionario, se transformó en Escuela Nacional de Bellas Artes y se integró en la Universidad Nacional de Méjico. Conserva fondos importantes de interés numismático, como punzones, medallas y otra documentación relativa al importante número de grabadores que la componían.

Tras intentos frustrados en 1836, 1888 y 1901 en 1916 se produce la fundación de la Academia de la Historia, constituida como correspondiente de la Real Academia Española de la Historia.

En 1995 se abrió al público el Museo de la Casa de la Moneda, institución que conserva el acervo documental y numismático de esta importante institución.

b) El coleccionismo numismático

Tras la Segunda Guerra Mundial se desarrolla un coleccionismo numismático destacable, que se ve potenciado tras la constitución en 1952 en Ciudad de México de la Sociedad Numismática de Méjico, entidad que ha promovido la edición de revistas, alentado el funcionamiento de otras sociedades numismáticas locales, como las de Puebla o Monterrey, por mencionar algunas de las más importantes, así como el intercambio numismático.

Por un lado, la sociedad de Puebla puso en circulación la revista Monedas, en el cambio de los ss. XIX al XX. Y la Sociedad Numismática de Méjico edita un Boletín trimestral.

Asimismo, en Méjico se desarrollan desde 1972 Convenciones Internacionales de Numismática en los que se producen ventas e intercambios de monedas, medallas y billetes.

Algunos de los miembros de la Sociedad Numismática de Méjico son destacados coleccionistas e investigadores. Este es el caso del jurista y político José Lorenzo Cossio y Cossio (1864-1941) formó una importante y extensa biblioteca, además de una colección filatélica y numismática que se conservan en el Museo Filatelia de Oaxaca. Este coleccionista publicó en 1964 Las Monedas Emitidas Por El Gobierno De La República Durante El Imperio De Maximiliano.

Formado en Oxford y Cambridge, el escritor Manuel Romero de Terreros (1880-1968) fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y de la Academia de la Historia, en ambos   casos desde 1919, llegando a director de la segunda. En 1938 donó una colección de monedas al Banco de México, que la incrementó hasta alcanzar 58.000 ejemplares y que en la actualidad constituye la más importante de la nación. Romero de Terreros también realizó algunas publicaciones sobre la materia, una de las muchas que trató.

El médico e historiador Alberto Francisco Pradeau Avilés (1894-1980), originario de Sonora pero residente en los Estados Unidos, concretamente en Hollywood, donde amasó una pequeña fortuna con la que adquirió una colección numismática que le permitió publicar diversas obras de interés. En 1960 ingresó a la Academia Mexicana de la Historia y en sus últimos años en Florida clasificó las monedas extraídas por Mel Fisher del Nuestra Señora de Atocha en 1971. Sus archivos personales se encuentran en la Arizona State University Libraries[1]. Además, publicó diversos artículos en revistas como Numisma en la década de 1950.

Por otro lado, la Academia Mejicana de Estudios Numismáticos se crea en 1970 y cuenta con una revista titulada Memorias que se publica desde ese año hasta finales de los años 1980.

Finalmente, la Fundación creada por el empresario Carlos Slim (n. 1940) adquirió en 1989 la fundación adquirió el fondo numismático de Ligio Lagos, una de las principales colecciones sobre monedas mexicanas, que en la actualidad se conserva en el Museo Soumaya de Ciudad de México, a la que se incorporaron las de Don Bailey y Floyd Ganassi.

Además, indicar que en los Estados Unidos durante los años 1930 Julius Guttag formó una colección numismática que publicó en Lawrence en 1974 E. H. Adams con el con el título Julius Guttag colletion of Latin American Coins.

c) Actividad medallística

La llegada a Méjico de Gerónimo Antonio Gil (1732-1798) para asumir el cargo de grabador de la Real Casa de la Moneda de Méjico en 1778 supuso la continuación en América de la edad de oro de la medallística española. De su mano y de la de sus discípulos conocemos medallas labradas en el mejor neoclásico, tanto en la Casa de la Moneda como en la Academia de San Carlos. En el periodo formativo inicial anterior a 1808, además de Bernardo y Gabriel Gil, ambos hijos de Gerónimo Antonio, José Ignacio Bacerot, José Esteve, José María Montes de Oca y el madrileño Tomás Suría (1751-1835).

En 1783 se funda la inicialmente denominada Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos en el que Gil es la figura más destacada. Aunque el número de grabadores de la Academia de San Carlos es mayor pueden destacarse las figuras del sevillano Francisco Gordillo (activo primero en Madrid desde 1770 y después en Méjico, activo hasta 1828), José María Guerrero (activo entre 1808 y 1821), Juan Nepomuceno Gil de Arévalo (activo entre 1808 y 1836), Luciano Rovira (activo entre 1830 y 1843).

Además de las propias medallas, puede destacarse una publicación al respecto, una obra titulada Memoria de las Medallas que mandó acuñar y repartir el Deán y Cabildo de la Iglesia Metropolitana de México en acción de gracias por la restitución de Fernando Séptimo, publicada en la Gaceta de Méjico el 15 de diciembre de 1814.

d) Bibliografía sobre la organización de las emisiones monetarias

La organización de la fabricación y circulación monetaria no se escapa a la presencia de ediciones al respecto durante el s. XI, pudiendo mencionarse las obras siguientes:

  • Indagación moneda Nueva España, Méjico, 1814
  • Proyecto sobre la nueva moneda, Méjico, 1829
  • M. Garmendia, Casas de moneda noticias de acuñación e introducción de metales en el año fiscal de 1881 a 1882 formadas por la Sección 7ª de la Secretaria de Hacienda, Méjico, 1883
  • José Antonio Mucharraz, Contestación del ensayador y juez de balanza de la Casa de Moneda de S. Luis de Potosí, Méjico, 1846
  • De Ponce, Informe sobre la moneda mejicana, Méjico, 1883

Al igual que en períodos anteriores, durante el s. XIX se siguen publicando estudios de interés para la minería y ensayo de los metales. Es el caso de, Las breves reflexiones sobre el análisis que han formado los señores Lebrija y Barrera, Méjico, 1841. Felipe Neri del Barrio, publicó al respecto Contestación de la Empresa del Tabaco a la réplica de los señores Lebrija y Barrera: sobre el projecto de ley relativo a la amortización de la moneda de cobre, renta del tabaco, y arbitrios para la guerra del mismo año. Con la misma finalidad Antonio Diez De Boniya hizo lo propio con sus Observaciones sobre el análisis que han formado los señores Lebrija y Barrera, del proyecto relativo a la amortizacion del cobre, renta del tabaco, y arbitrios para la guerra de Tejas.

e) Tratados de numismática en el s. XIX

El primer estudio numismático mejicano se lo debemos al diplomático y escritor José Justo Gómez de la Cortina (1799-1860), residente en España hasta 1832, donde ejerció como introductor de embajadores y académico de la Real Academia de la Historia, además de ocupar sus actividades en la formación de una importante biblioteca hoy esparcida. Una vez en Méjico inició una carrera política que le condujo al Ministerio de Hacienda en 1838.

  • José Gómez de la Cortina, Nociones elementales de numismática, Méjico, 1836. Reeditado en 1975
  • Leandro Pinal, Memoria histórica sobre el origen de la moneda, Méjico, 1856
  • Lyman Haynes Low, Apuntes sobre las monedas del cura Morelos (general de la Revolución de Méjico), Méjico, 1893

f) Textos numismáticos entre 1900 y 1978

Las principales obras científicas de este período son las siguientes, comenzando por las relevantes firmadas por Alberto Francisco Pradeau:

  • The Mexican Mints of Alamos and Hermosillo, Nueva York, 1934
  • Numismatic History of Mexico from the Precolumbian Epoch to 1823, 1938
  • Antonio de Mendoza y la Casa de Moneda de México en 1543, 1953
  • Historia numismática de México. Desde la época precortesiana hasta 1823, México, 1950
  • Historia numismática de México. De 1823 a 1950. 4 volúmenes, México, 1957-1959.
  • Los Tlacos y Pilones Mexicanos, Puebla, 1963

Manuel Romero de Terreros publicó en 1952 La moneda mexicana. Bosquejo histórico-numismático, Luis Enríquez Ruiz, Escudos de los reyes de España en las monedas de México – Los medios de identificación de las monedas por las variaciones de los escudos en 1962, José Manuel Sobrino La moneda mexicana. Su historia en 1972 y Miguel L. Muñoz, Tlacos y pilones, la moneda del pueblo de México en 1976.

Además, pueden citarse otras obras, casos de N. S. Utberg y su Coins of Colonial Mexico. 1536-1821 and the Empire of Iturbide 1821-1823 de 1966; Theodore V. Buttrey y su Guía De Las Monedas Decimales Mexicanas 1863-1963, Racine, 1963; C. A. Elizondo Eight Reales and Pesos of the New World en 1968 y Jose Leon Robles de la Torre y sus Monedas mexicanas 1536-1966, México, 1967. Como obra conjunta, añadir Reales de a Ocho. Primera Moneda Universal de 1978.

g) Publicaciones de la American Numismatic Society

En el ámbito de esta institución neoyorquina también encontramos títulos relativos a la numismática mejicana, además del primer trabajo firmado por Pradeau. Estos son los títulos editados en este período:

  • Howland Wood, The Mexican revolutionary coinage. Numismatic Notes and Monographs, 4, 1921
  • Howland Wood, The coinage of the Mexican revolutionists. Numismatic Notes and Monographs, 38, 1928
  • Harrold Edgar Gillingham, Mexican decorations of honour. Numismatic Notes and Monographs, 89, 1940.
  • P. Eklund, Sydney Noe, Hacienda tokens of Mexico. Numismatic Notes and Monographs, 115, 1949.
  • Robert I. Nesmith, The coinage of the first mint of the Americas at Mexico City, 1536-1572. Numismatic Notes and Monographs, 131, 1955.

 

[1] http://www.azarchivesonline.org/xtf/view?docId=ead/asu/pradeau.xml;query=