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Moneda medieval en Hungría. Un uso infrecuente en torno a 1437

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Las monedas medievales tienen usos distintos al medio de pago en diversas ocasiones. En esta entrada vamos a mencionar un caso dudoso en relación con unas imágenes que recogen un pequeño conjunto de moneda húngara de comienzos del s. XV. Se trata de un conjunto inusual de seis dineros insertados en un alambre de cobre. Cada una de las monedas tiene dos agujeros (con un excepción) y se trata de monedas con un escaso valor o ya sin valor liberatorio.

Se trata de un dénar de Sigismund de Luxemburgo con una cruz patriarcal y un escudo, sin marca visible y con parte de la leyenda apreciable (MONSIGIS…/REGISHUNGRIAET), cuadro quartings sin leyenda, algunos con marcas (B-ε; A-; R-S) y un pequeño disco de plata, que pudo ser una moneda desgastada.

Hay pocos conjuntos monetarios descritos de este período (Teodor MUNTEAN, “A Coin Hoard From the Time of Sigismund of Luxemburg in the Collection of the “Ioan Raica” Municipal Museum in Sebeş”, TERRA SEBVS 3, 2011) y, que pueda adivinarse, no hay ejemplares descritos con estas características.

No es posible saber la procedencia de conjunto, si bien las primeras imágenes saltaron a la luz hace ya varios años. Además, la naturaleza de las monedas, probablemente ya en desuso cuando se agujerearon y de nulo valor, permite suponer un origen en la misma región.

Se trata de monedas de poco valor estético como para servir de adorno. Además, no se han descrito ejemplares o conjuntos de ellos agujereados. Por lo tanto, la finalidad de conservarlas en estas condiciones puede servir para una finalidad ritual de difícil determinación a modo de ofrenda. En cuanto al momento, se trata de emisiones fabricadas con anterioridad a 1437 y no hay ejemplares posteriores a esa fecha, lo que nos permite enmarcar temporalmente la acción en torno a ese último año.

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Tesorillo de la calle Obispo Grau, Astorga

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Su hallazgo se produjo en unas obras urbanas en Astorga realizadas en 1992, y de ellas se trasladó al Museo de León, donde se conserva. Las 1270 piezas que lo componen se distribuyen así: 9 dineros seisenes de Alfonso X con leyenda MONETA CASTELLE ET LEGIONIS; 50 cornados de Sancho IV, de distintas cecas; 648 dineros de Fernando IV; y 970 cornados y dineros de Alfonso XI. Vista su composición, su ocultamiento es posterior a 1334 (fecha de inicio de acuñación de la última acuñación), y próximo a la coronación de Pedro I, hacia 1345.

Orfebrería y esmalte de Limoges en la Edad Media

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El Museo Lázaro Galdiano de Madrid, además de una colección numismática, ofrece un conjunto variado de arcas, báculos, relicarios, soportes de candiles, palomas eucarísticas, etc. que constituyen ejemplos destacados del arte suntuario de la orfebrería, a base de trabajo en metal posteriormente dorado y completado por esmalte que se desarrolla desde el s. XIII.

Monedas en las Cantigas de Santa María (s. XIII)

La Cantiga de Santamaría número 305 de Alfonso X contiene un texto referido a la actuación de un cambiador y a las monedas que emplea en su oficio. La escuchamos de fondo en el video precedente en la excelente versión de Eduardo Paniagua:

E ela assi andando, chegou a ha cidade
e viu seer na rua, com’ eu achei por verdade,
un canbiador que canbiava d’aver mui gran quantidade,
esterlis e to[r]neses, burgaleses, pepiões,

Senpre devemos na Virgen a ter os corações,
ca per ela guaannamos de Deus mui grandes per dões.

E ynda daquestes novos e dos pretos e da guerra;
e ela pediu-lle algo por aquela que non erra.
El disse: «Faze-lo quero sobre pennor, ca na terra
u somos non é costume de dar d’outra guisa dões.

(…)

Que meteu na balança, chos de prata e d’ouro;
mas mui mais pesou a carta en que avia tesouro
daquel que perdõar pode crischão, judeu e mouro,
atanto que en Deus ajan ben firmes sas entenções

 

El tesoro de San Lorenzo de Carboeiro

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El monasterio de San Lorenzo de Carboeiro, situado en el término municipal de Silleda en Pontevedra, no lejos de Santiago, cuenta con un pequeño cementerio entre cuyas tumbas había una especial, en la que el anónimo fallecido fue enterrado por los monjes de una manera precipitada y con sus efectos personales, dando a entender que era un visitante o un transeúnte que dio allí con el fin de sus días. Los honrados monjes le dieron sepultura con todos sus efectos personales, incluyendo una bolsa de cuero que el fallecido parecía mostrar a sus futuros descubridores, conteniendo un florín de oro de Pedro IV de Aragón en unión de un conjunto de blancas y cornados de Enrique III y unas pocas blancas de Juan II, que nos sitúan la fecha de enterramiento en torno a 1410.

El conjunto, con algún añadido, se muestra parcialmente en el Museo das Peregrinacións e da Cidade de Santiago, al que se ha dedicado otra entrada mostrando las singularidades numismáticas medievales que expone.

La derivación del latín hacia las lenguas vulgares en la moneda medieval

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Con motivo de un encuentro numismático en Vigo, una estudiosa alemana manifestó su interés en encontrar vestigios del castellano en la moneda medieval, una materia huérfana de estudios.

En la Edad Media leonesa y castellana las emisiones monteares iniciadas en 1087 se producen en latín en ocasiones imperfecto sea por el escaso espacio para escribir utilizando una técnica que evoluciona con el tiempo, sea por un uso poco uniforme o deficiente de esta lengua. Así, en el s. XII los nombres de los reyes, expresados normalmente en nominativo, varían. Por ejemplo, Alfonso se escribe ANFUS; ADEFONSUS, ALFONSUS, ILDEFONS, ANFUS o ANVOS. De la misma manera, no faltan terminaciones de referencias a ciudades en el primer período de emisiones leonesas y castellanas que implican un defectuoso empleo del latín o con variedades extrañas. Por ejemplo y en relación a Toledo, se usa TOLETUM, TOLETUO, TOLETA, TOLETAS o TOLETO,  en relación a León, se menciona LEGIONENSIS; LEGIONENSES o LEO, y en relación a Segovia se usa SUCOVIA o SECOVIA.

Algunos usos son reflejo de un mal uso del latín, como cuando a la reina Urraca se le denomina REXA en lugar de regina.

Uno de los usos más curiosos lo encontramos con presencia de influencia del árabe en la expresión TOLETULA de un dinero de Alfonso VII próximo a 1125 que no es sino una derivación del genitivo  arábigo de Toledo (Tolaitula), como leemos en el siguiente ejemplar, en su momento perteneciente a Hungtinton, con foto de Vico.

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Sin embargo, lo llamativo de la blanca o seisén toledano de Enrique III que encabeza esta entrada, acuñado en torno a 1400 en la ciudad coruñesa supone una interesante derivación del latín más próximo del uso de las lenguas vulgares. La leyenda en el anverso es E LEGIONES E DE TOLED. La conjunción et está incompleta y en lugar de acudir al genitivo para aludir a la ciudad de Toledo, se acude a la preposición de seguida de una forma castellana de mencionar a Toledo por el empleo de la letra d en lugar de la letra t. Prudente o inconscientemente, la leyenda no tiene terminación. Además, en lugar de realizar el genitivo de legionis con i lo hace con e.

Será preciso esperar al siglo XVI para ver una moneda enteramente escrita e castellano, precisamente en el tiempo en que esta lengua se puede denominar culta. En el siguiente cuartillo de Felipe II, acuñado con el ensayo de Sebastián Vázquez en Coruña, entre 1575 y 1585, una moneda con leyenda DON PHELIPPE II REI DE ESPANA que se reproduce en el mejor catálogo de la moneda del período, el de Jarabo-Sanauja.

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Matanza en la judería de Bribiesca en 1366

 

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En 1366 las tropas francesas que habían acudido a Castilla en apoyo de Enrique II durante la Guerra Fratricida con Pedro I y comandadas por Beltrans du Guesclin asaltaron varias localidades próximas a Burgos y de ello se ocupa la propia Crónica que relata la vida de este personaje que ni quitaba ni ponía reyes pero apoyaba a sus señores. Una de estas localidades fue Bribiesca y en ella se produce un progromo de enormes dimensiones no suficientemente estudiado sobre la aljama de la localidad y contra sus habitantes.

El mejor testimonio que se conoce es el hallazgo de cuatro ocultaciones monetarias:

a) Un tesorillo formado por 2.172 dineros, una cantidad inusualmente elevada de moneda, repartida de la siguiente manera: 1 dinero de Alfonso VIII (hacia 1195), 58 seisenes (1277), 538 cornados de Sancho IV (1286), 8 meajas coronadas de Sancho IV (1286), 2 dineros de Fernando IV (1297), 5 dineros de Alfonso XI (1330), 216 cornados de Alfonso XI (1334), 216 cornados de Pedro I (hacia 1345), 73 reales y 6 medios reales de Pedro I (hacia 1360), 5 dineros de Jaime I de Aragón, 11 dineros de Jaime II de Aragón, 5 dineros de Pedro IV de Aragón. Además, aparecieron cinco platos de plata sobredorada decorados con la estrella de David y dos cucharillas, elementos no necesariamente definitorios de un propietario judío del siglo XIV. Junto a la marca de platería más antigua documentada en Burgos la expresión “Esto pertenece a la aljama de Villena”. Las condiciones de la ocultación en el interior de una vivienda sugieren la precipitación del momento.

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b) Uno segundo contenía 7 seisenes (1277), 63 cornados (1286), 27 dineros de Fernando IV (1297), 15 dineros de Alfonso XI (1330), 84 cornados de Alfonso XI (1334), 10 cornados de Pedro I (hacia 1345) y 4 dineros de Pedro IV de Aragón. Su hallazgo, muy poco distante del anterior, se localiza en la Calle de los Llanos, en el centro de una habitación, posiblemente bajo el suelo visible de la vivienda.

c) El tercero, aparecido en el Camino Viejo del Cementerio de la misma localidad, a menos de 200 metros en línea del primero de los tesorillos, contendría más de cien ejemplares de real de Pedro I (hacia 1360).

d) Muy próximo al anterior, el cuarto conjunto contenía 1 seisén (1277), 3 cornados (1286), 6 dineros de Fernando IV (1297), 11 dineros de Alfonso XI (1330), 10 cornados de Alfonso XI (1334) y 1 cornado de Pedro I (hacia 1345).

Así pues, todos se encuentran en la aljama de Bribiesca, a extramuros de la localidad, al sur entre las actuales calles de los Baños y San Héctor Valdivieso.

Como se explica en “Tesorillos de moneda castellana del siglo XIV vinculados con propietarios judíos” publicado en El mundo judío en la Península Ibérica, sociedad y economía León 2012, ISBN 978-84-95414-94-6, pp. 185-192:

“Todos estos conjuntos ponen en evidencia el alcance de la destrucción de algunas juderías, casos de la de Briviesca en 1366 y la de Rivadavia en 1385, ambas con ocasión de episodios bélicos internos y ambas con intervención de tropa extranjera, que traer como resultado una ocupación muy violenta, en particular en la primera población. A falta de otros datos arqueológicos, las evidencias numismáticas apuntan a varias conclusiones. Al menos cuatro familias pierden a las personas que ocultan unos ahorros que no son capaces de recuperar los supervivientes del acontecimiento, caso de haberlos. En este sentido, cabe la posibilidad de que el hecho de la ocultación o de su ubicación pudo ser conocido, además de por la cabeza de la familia, por otros miembros de la misma. Debe tenerse en cuenta que una cantidad de riquezas imposible de determinar pudo bien ser ocupada por los asaltantes, bien recuperada por las familias, bien adquirida en algún momento posterior por curiosos o saqueadores. Por lo tanto, tanto en el número de familias afectadas como en la afectación de la familia, la ocupación de la judería de Briviesca puede calificarse como de muy virulenta. Como se aprecia, no es el único caso dentro del mismo espacio temporal en que esta situación se produce, siendo posiblemente análogos los casos de Muñó y Carmona, y dentro de un lapso temporal próximo, con otro conjunto modesto aparecido en Rivadavia, correspondiente a 1385.

Pero la información no se agota en este aspecto. El contenido de los conjuntos da cuenta, asimismo, de la falta de uniformidad de las rentas de las familias judías del período y ello a la vista de la disparidad de contenidos de los distintos ocultamientos. El primero de los tesorillos mencionados implica una importante riqueza, seguida de lejos por los restantes, por lo demás de contenido más bien dispar. En efecto, en el conjunto señalado en el encabezamiento de este trabajo se aprecia el ahorro de una riqueza importante que se manifiesta en metal acuñado como en objetos de otra naturaleza, compatibles con una posición social acomodada. En el segundo y en el tercer conjunto la riqueza acumulada es también importante, sin alcanzar la del primero. Como contraste, en el último caso, la riqueza es inferior. Por lo tanto, nos encontramos ante una población de renta dispar entre la que se destaca una variedad dentro en todo caso de lo que hoy definiríamos como renta media alta. Lamentablemente, carecemos de datos que permitan dilucidar las respectivas ocupaciones de quienes resultaron afectados por el asalto a la aljama.”

Reales medievales castellanos usados en joyería

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La imagen precedente responde a un conjunto de reales castellanos de mediados del s. XIV que sin embargo circulan hasta los años finales del s. XV que se vendieron conjuntamente y parecen formar parte de un mismo conjunto. Tienen en común una particular característica, a saber, la presencia de pequeños agujeros cuidadosamente dispuestos para ser engarzados en una joya o en un tejido, dejando a la vista los castillos y los leones, el emblema del reino.

La pervivencia de la arquitectura romana en la moneda medieval

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Contamos con varios ejemplos en los que los monumentos romanos se recuerdan en la moneda medieval, incluso sus personajes. Esta es la relación de entradas:

El Santo sepulcro y la torre de David en los reinos cruzados

Los templos romanos cristianizados por los reyes carolingios

La coruñesa Torre de Hércules

Julio César en la Edad Media