Hispania de Antonio Agustín

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Un ejemplar de los Diálogos de medallas del aragonés Antonio Agustín sirve de base para una reflexión. Se trata de la primera obra verdaderamente científica de la numismática en castellano, publicada póstumamente en Tarragona en 1587 por Felipe Mey y probablemente la más notable en la materia del s. XVI. Inmediatamente a su publicación, los grabados fueron trasladados a Roma, donde en 1592 los diálogos se tradujeron y publicaron en italiano. Los grabados insertados en el libro procedían precisamente  de Italia y se habían encargado a Fulvio Orsini sobre dibujos de Stella. La obra se sigue publicando en Italia, España y Bélgica hasta 1744 en español, italiano y latín.

Para marcar cierta distancia, se traen a esta entrada reproducciones de un ejemplar publicado en Roma en 1592 que por otra parte perteneció a un ilustrado, también autor numismático, el valenciano Ignacio Pérez de Sarrió y Paravisino, que olvidó una pequeña anotación manuscrita sobre moneda visigoda entre las páginas y que también se reproduce. Antonio Agustín e Ignacio Pérez de Sarrió vivieron en dos momentos históricos apasionantes, marcados por la mirada intelectual puesta en la antigüedad clásica en búsqueda de los cánones de la belleza y la razón, del alejamiento de los prejuicios y de la mirada hacia el futuro desde una perspectiva tan universal como compatible con el entorno inmediato. Renacimiento e Ilustración son sin duda dos momentos imprescindibles del intelecto europeo y universal, dos grandes revoluciones culturales que comparten la mirada al clasicismo en busca de las ideas más puras, alejadas de la derivación que generan ciertas inercias desde las formas a los contenidos.

 

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Antonio Agustín es un hombre del Renacimiento en todas sos posibles acepciones, en particular en cuanto humanista y polígrafo. Como jurista buscó las fuentes del derecho tras su formación en Salamanca. Como historiador, es el verdadero impulsor de la Numismática como ciencia moderna. En ambos casos, con la mirada puesta en el mundo clásico con la visión universal y abierta propia de su tiempo.

Los Diálogos de medallas se escriben en castellano por este obispo de Tarragona, que había pasado parte de sus días en Italia, donde contactó personalmente y mantuvo una incesante correspondencia con otros estudiosos de la moneda de su tiempo. En Italia, publican sus obras en la materia Fulvio Orsini, Enea Vico, Sebastiano Erizzo o Jacopo Strada y en España le preceden en el interés por la materia Diego Covarrubias y Ambrosio de Morales, entre otros. Todos estos historiadores, también frecuentemente juristas, encuentran en las “medallas” romanas un contacto palpable con la antigüedad y lo expresan en las lenguas vulgares ahora sólidas, con pasión, modernidad, inteligencia, amplitud de miras y libertad, sin imposiciones, en la búsqueda de la cotidianidad y con la vista puesta en la comprensión de sus contemporáneos, de costa a costa, desde los habitantes en sitios remotos a los residentes en espacios inmediatos, creando el germen impreso de una cultura universal. Esta inmediata y sucesiva traducción pone de manifiesto que las lenguas, todas ellas, no son sino medios, formas de comunicar y acercar los grandes valores a los lectores y todas ellas valen, se usan, se traducen, se cambian, se disfrutan y conviven entre sí.

Es el tiempo del gran Erasmo de Rotterdam y de sus seguidores en su búsqueda de la fuente original para entender las ideas sin dejarse llevar por las interpretaciones ajenas sobre la base del buen uso de las lenguas en que las ideas se plasman. Es el momento de los defensores de un gobierno fuerte basado en el respeto de los derechos de los habitantes del reino entre los que se destacan juristas como los dominicos Francisco de Vitoria, Bartolomé de las Casas y Domingo de Soto y los jesuitas Luis De Molina y Francisco Suárez, situados todos en la esfera intelectual de Antonio Agustín.

A lo largo de sus páginas, los dialogantes pasan de hablar de virtudes y regiones a tratar de ríos y dioses, de mencionar cónsules y colonias a comentar de edificios y animales, viajando de lo general a lo particular y alcanzando las monedas hispánicas, de la provincia romana de la Tarraconense a la Bética para llegar a puerto con las inscripciones de Barcelona. Hispania se muestra como una realidad cultural de su tiempo, compatible por supuesto con otras. El libro concluye con medallas e inscripciones falsas, pues desde entonces se falsea la historia, sirviendo de ejemplo el paduano Cavino, desconocido o no mencionado por Agustín, otra figura predilecta de este blog.

Sin perjuicio de tratar este mismo libro en otras diferentes, señalar que algunas de las monedas que se mencionan en el texto pueden apreciarse en esta entrada.

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El nacimiento de las naciones modernas

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La medalla precedente, firmada por Maurisset y probablemente fabricada en 1792 resume con excelente calidad los ideales de la Revolución Francesa, plena de unión, libertad, igualdad y democracia, consustancial al estado de derecho. Y representa y supone mucho más.

Vamos al principio. Los libros de historia con los que todos nos hemos formado tienen mucho de realidad y parte de ficción que debería ser más evitable. Cuando nos explican las edades media y moderna, las explicaciones se acompañan con mapas de los reinos que parten de una ficción equívoca toda vez que ni las sociedades que habitaron esos espacios son uniformes, ni los poderes políticos responden a unos esquemas tan monocromos y permanentes, ni las fronteras son lineales, reales y permanentes. Los paisanos de aquellos lugares dependen de un rey que es titular de una relación con quienes son sus súbditos. Las instituciones políticas responden a esquemas muchas veces oscuros y tienen una relación muy poco homologable con las actuales. A veces, los ciudadanos se rebelan contra señores, obispos y reyes y se enfrentan a ellos, a veces incluso los apedrean y decapitan, pero encuentran su existencia propia de derecho natural y deben soportar que exista uno sin solución de continuidad. A un rey sucede otro: “el rey ha muerto, viva el rey”. Y si no hay rey, se busca otro. A esa gente nadie les preguntaba por nada e interpretar su existencia y las relaciones con el poder de turno con los criterios políticos de la sociedad actuales es un error. Y a la inversa, debe señalarse que la nostalgia de los poderes del antiguo régimen es  un ejercicio absurdo. Aquellas sociedades no forman naciones. Aquellos hombres tienen otros valores y se relacionan entre sí de forma distinta a la nuestra. Aquellos poderes no son estado. Y esos tiempos no son los nuestros.

El verdadero cambio se produce a lo largo del s. XIX y ancla, como es sabido, sus bases a finales del s. XVIII, por supuesto nunca antes. El fundamento de la nación es el estado, con la presencia de un poder legítimo en un territorio en el que los ciudadanos son llamados a votar. La ley es el reflejo de la voluntad común y todos los poderes anclan su legitimidad en la constitución.

Las constituciones del cambio de s. del XVIII al XIX son la base pero los modernos estados avanzan con el curso ese último siglo, con la consolidación de los parlamentos, el nacimiento de los modernos poderes judiciales, la instauración de leyes de educación, de modernización de los ejércitos, de asentamiento de economías liberales, de creación de industrias modernas, de construcción de museos y culturas nacionales, pasos todos que permiten que las sociedades del antiguo régimen se transformen en naciones. Lo de antes era otra cosa. Los súbditos del rey de Francia comienzan a construir la nación francesa a partir de 1789, y de manera coetánea los súbditos de los reyes de Inglaterra tanto como los de España se constituirán en diferentes naciones a ambos lados del Océano Atlántico.

Por ejemplo, el mapa que en mis libros de joven me enseñaba el imperio español como ocupante de medio mundo en torno a 1800 era falso y ahora lo sé. En Europa, España nace tras la Constitución de 1812, mientras que en América surgen Perú, Méjico y otras repúblicas gracias a sus constituciones nacionales.

La Constitución, toda las constituciones, constituye uno de los grandes logros de la cultura contemporánea. La siguiente polvera o medalla contiene el texto de la Constitución de 1812 y se confeccionó en 1820, mostrando en el anverso la imagen del rey que en 1814 condujo a su desastrosa abolición. Restaurada en 1820, la Constitución de Cádiz constituye un trascendental avance en la concepción liberal de la política y la economía, además de una referencia ineludible en la actualidad de la igualdad de derechos, garantías e inmunidades jurídicas de todos.

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Viaje numismático a Méjico

La ciudad de Méjico cuenta con un museo numismático en la antigua casa de moneda, aunque no la original, en la que trabajó Gerónimo Antonio Gil. En la Academia de San Carlos se conservan cuños preparados por este gran grabador. Precisamente, la Academia se encuentra aledaña a la calle de la Moneda, que parte de la plaza del Zócalo de la ciudad y donde se ubicó la primera establecida en la ciudad.

Viaje numismático a Bogotá

En la sede de la casa de moneda de Santa Fé del Nuevo Reino se encuentra en la actualidad el Museo Numismático del Banco Nacional de Colombia. El edificio se encuentra perfectamente restaurado y su contenido ofrece excelentes ejemplos de maquinaria y otro instrumental para fabricar moneda desde el s. XVII hasta la actualidad, además de su interesante colección numismática.

Artículo inédito de Álvaro Campaner

Una vuelta a la formación de la ciencia numismática de la mano del fiscal Álvaro Campaner, uno de los grandes autores de la segunda mitad del s. XIX. Es este un tiempo de revistas como el Memorial Numismático Español, una de las primeras monográficas en el mundo y en la que intervinieron los grandes de su tiempo. Es también un momento de aparición de revistas o boletines más modestos como el de Valencia o el de este hasta ahora desconocido Boletín del Centro Numismático de Barcelona de 1864. Las fotografías no son buenas pero vale la pena para comprender la profundidad en contraste con la falta de medios y conocimientos hasta entonces. Se refiere a la moneda datada de vellón castellana de mediados del s. XII, una auténtica rareza.

Viaje numismático a León

León es una ciudad extraordinaria que cuenta con un excelente Museo Provincial en el que se conservan varios tesorillos numismáticos, uno de ellos el anterior, de tiempos de Fernando IV. Asimismo, tiene una buena sala numismática, muy didáctica, en la que expone un gabinete numismático presidido por un retrato de Diego Covarrubias.

Además del Museo, puede visitarse la Colegiata de San Isidoro.