Autor: morabetino

Orígenes del comercio numismático español

Esta entrada se dedica a unas publicaciones verdaderamente raras de encontrar en muchas bibliotecas numismáticas, las que reflejan la evolución del coleccionismo y su mercado.

El comercio numismático español surge de manera profesionalizada a finales del s. XIX y desde entonces ha ido dando pasos hacia una mayor sofisticación. Durante los ss. XVIII y XIX los coleccionistas más importantes intercambiaban entre sí monedas y medallas y se comunicaban epistolarmente, sin embargo, durante los años finales del s. XIX y los primeros del XX se produce la aparición de un verdadero comercio especializado.

Algunos coleccionistas vendieron toda o parte de sus colecciones a través de comerciantes extranjeros, principalmente ubicados en Francia. Así sucede con la espectacular colección del primer ministro de justicia, José García de la Torre, vendida por Gaillard, el barcelonés Siscar y Montoliu, vendida por Schulman en 1910 y la colección de medallas papales de Vidal y Quadras, enajenada por Bourgey en 1914.

Algunos coleccionistas como el médico toledano Moraleda y el comerciante textil zaragozano Barril citaron su propio boletín con monedas para su venta en 1891.

La segunda mitad del s. XIX contempla la aparición de sociedades numismáticas, algunas de las cuales publicaron sus propios boletines, como el del Centro Numismático de Barcelona entre 1864 y 1869 y la Sociedad Arqueológica de Valencia entre 1873 y 1874, con impulso de la familia Cerdá. En ellos apreciamos también listas de moneda. También entre 1919 y 1920 la Sociedad Hispano Portuguesa de Numismática facilitó publicaciones y editó una lista de precios a precio fijo.

El comercio profesional se desarrolla también en este período. En Barcelona trabaja la familia Calicó, cuyo establecimiento surge con otras finalidades ya en el s. XVIII y acaba por especializarse en moneda. También en Madrid la Lonja del Algodón comenzó con otras mercaderías, en ese caso de ultramarinos. Otro de los más importantes fue Valentín Gil, que desde 1881 editó sus listas de monedas a precio fijo que enviaba por correo a sus contactos.

Dentro del s. XX, López Villasante enajenó en 1936 una imponente colección de moneda de oro, pero la Guerra Civil supuso el fin de esta trayectoria. Tras este funesto acontecimiento, una Sociedad Numismática Española “subvencionada por el Estado” puso en venta una colección en 1943.

Habrá que esperar muchos años para ver un comercio moderno más desarrollado. En tanto, los mercados dominicales de Barcelona, Madrid y Sevilla mantuvieron la actividad de algunos profesionales. En Barcelona, Calicó mantuvo una importante actividad y en Madrid habrá que esperar hasta finales de la década de 1960 para que Cayón inicie la venta por subastas.

 

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Moneda y platería a comienzos del s. XII en León y Asturias

Sin títuloLa moneda en la Edad Media se realiza con plata aleada con cobre por monederos con competencia en la manipulación del metal noble. Su trabajo consiste en limpiar la plata de impurezas para después combinarla con cobre para a continuación fabricar unos discos que después recibirán el impacto de los cuños de anverso y reverso para darles forma. Su trabajo comparte parcialmente algunos puntos en común con el de los plateros que trabajaban con láminas de plata cinceladas o incididas, según el artista, para ser clavadas en arcas de distinto tamaño hechas en madera.

Los últimos años del s. XI suponen el despegue de las labores de los oficios de monederos y plateros en el reino leonés. Por un lado, un grupo de monederos venidos desde Francia e Italia se trasladan a la península para realizar las masivas emisiones aragonesas posteriores a 1076 y las leonesas y castellanas de 1087, 1103 y 1108, atraídos por la peregrinación compostelana y la abundancia de plata califal que existía en el reino previa su conducción en forma de parias o botines de conquista a lo largo del s. XI. Mientras que en el sur la plata acuñada se va haciendo escasa en los reinos de taifas, algunos tesorillos en Navarra y un buen número de documentos en el reino leonés reflejan el uso de moneda de plata califal anterior al año 1000 al peso en algunas transacciones. A modo de referencia, en 1073 el rey aragonés le reclama al titular de la taifa de Zaragoza una paria en plata y no otro metal. Tras el inicio de la acuñaciones, los dirhams desaparecen de la circulación convertidos en unas emisiones abundantes como el siguiente dinero de 1103.

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Simultáneamente, se inician los trabajos de platería por artistas aparentemente locales. Es un momento brillante del arte suntuario asturiano y leonés, hasta entonces limitado a objetos de oro realizados entre los ss. IX y X como cruces (cruces de los ángeles y de la vitoria, ambas en Oviedo; cruz de Santiago en su catedral), arcas (arca de Astorga, arca de las ágatas del MAN)  cálices y coronas ubicadas en las pequeñas iglesias que existían. En el cambio de los ss. XI al XII y vinculados con las liturgias hispánica y mozárabe, se preparan objetos como  los libros que recogen los llamados Beatos, trabajos brillantes en marfil (el Cristo de Carrizo, la cruz de Fernando I en el MAN, la arqueta de San Juan y San Pelayo de San Isidoro de León, una plaqueta en el Museo del Louvre, la arqueta de las Bienaventuranzas el MAN), etc. que se incorporan a una mejor arquitectura y escultura, donde también aparecen pinturas como las de San Isidoro de León. Entre estos objetos se hallan algunos de orfebrería (cáliz de Doña Urraca en San Isidoro de León) y de platería, que son los que aquí interesan.

El más significativo es el Arca Santa de la catedral de Oviedo, un altar portátil creado para conservar reliquias vinculadas con la crucifixión de Jesucristo, con inclusión de un sudario, varios lignum crucis y otros objetos. Además de arca, en la catedral de Oviedo se encuentran otros objetos de platería como la cruz de Nicodemo, la caja del obispo Arias Cromaz y el díptico del obispo Gundisalvo. Fuera de este templo cabe mencionar la arqueta de San Isidoro de León, la cruz de Fuentes en el Metropolitan Museum de Nueva York o la caja de ágatas del MAN. Todos ellos parecen realizados por diferentes artistas hispánicos, de hecho el arca responde a una misma idea constructiva pero intervienen varios artistas con diferentes técnicas dentro de un estilo muy aproximado que recuerda en algunos casos a los dibujos que se encuentran en los beatos.

No se trata en este punto de tratar todos los aspectos iconográficos de estos objetos y en particular del arca, excelentemente tratados por Franco Mata, sino de referir otros referidos a su fabricación distintos a los señalados por García de Castro Valdés. Sin ánimo de abundar y con diferentes técnicas que incluyen un sobredorado en la tapa, la cobertura del arca de madera ensamblada se realiza con láminas de plata de un grosor variable y aproximado de 0’5 mm, de manera que el artista, antes de iniciar su trabajo, prepara el metal y forma con la plata una lámina que después trabajar dándole forma. Una vez acabada la labor artística, las distintas láminas se clavan de acuerdo con el plan iconográfico previamente definido.

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Hay un aspecto que los trabajos de platería han dejado desatendido y se refiere a la determinación del origen del metal y de los artistas. Como se ve, antes del cambio de los ss. XI a XII, momento en que estas obras de plata pueden datarse, no conocemos obras realizadas en este metal, de manera que los plateros hacen su aparición en este momento. Hay una limitada controversia en cuanto su origen pues, como se ha dicho y aunque existe coincidencia en cuanto a su origen hispánico, hay dudas sobre si son asturianos, leoneses o mozárabes. En todo caso, cabe destacar su adaptación a los esquemas estilísticos que encontramos en las restantes manifestaciones artísticas aludidas.

De la misma manera, no existen análisis sobre los aspectos químicos de la plata, por cuanto que los elementos trazas podrían confirmar si estos objetos se fabricaron fundiendo moneda hispanoárabe, abundante en el reino. Cabe suponer que se utilizó esta plata y sin embargo faltan posibles vías para su confirmación. Probablemente la presencia de plata en el reino determinó una progresiva aparición de artistas de la que nos han llegado pocos ejemplos. Como es sabido, en momentos de necesidad, los reyes y los obispos fundían los objetos litúrgicos en plata para fabricar moneda. Sin ir más lejos, la reina Urraca en la década de 1110 adquirió una mesa de 30 marcas de plata (6,9 kg) para fabricar su propio numerario. Lo cierto es que la brillantez artística es una característica común en muchos de estos objetos y este aspecto no se improvisa.

Es de esperar que futuros estudios de los objetos ayuden a solventar algunas de estas dudas.

 

 

 

 

Viajes numismáticos

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Muchas ciudades ofrecen espacios para la numismática, sea porque preservan los espacios que la vinculan con la fabricación de moneda, sea porque ofrecen un museo de interés numismático, monográfico o no. Esta es una lista subjetiva, de entre las entradas publicadas en este blog, algunas de las cuales, como las que tratan de la moneda en el arte o los monetarios históricos.

España

Numismática en Compostela

Rúa Moeda de Santiago

Museo Provincial de León

Asturias

Museo Lázaro Galdiano, Madrid

Museo Cerralvo, Madrid

Museo de la Casa de la Moneda, Madrid

Museo provincial de Valladolid

Museo de las Ferias de Medina del Campo

Segovia 4

Segovia V

Zamora

Museo Marès, Barcelona

América

Ciudad de Méjico

Museo Numismático de Quito

Museo Numismático de Bogotá

Museo Numismático del Banco de la República de Chile

Museo Numismático de Lima

Panamá

Europa

Viaje numismático a Tréveris

Gabinete Numismático de Oporto

Museos numismáticos de Belgrado

Museo Numismático del Banco Nacional de Macedonia, Skopje

Irlanda

 

 

 

Monetarios históricos del Museo Provincial de Valladolid

Dentro del conjunto de monetarios históricos pueden traerse a colación dos existentes en el Museo Provincial de Valladolid. Uno es un precioso mueble con gavetas tiradas por cordones y forrados con tela de colores, hecho en el s. XVIII, genuinamente español y que ingresó en el Museo con una colección de moneda romana.

El otro es un mueble de cajones que ingresó en el Museo en 1878 con la colección de Francisco López Gómez, con cajones en la mitad inferior y un espacio para libros u objetos de mayor tamaño en la superior.

Además, el museo cuenta con una excelente biblioteca de libros que se remontan a los clásicos del s. XVI, incluida una traducción al español por Baltasar Pérez del Castillo de la Religión de los Romanos de De Choul publicada en 1579, una traducción de los Diálogos de Addison publicada en 1814 por Baldiri de Riera en Madrid, hasta ahora prácticamente desconocidas o al menos ausentes de las bibliotecas de los grandes museos y otras obras de referencia.

Moneda medieval en Hungría. Un uso infrecuente en torno a 1437

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Las monedas medievales tienen usos distintos al medio de pago en diversas ocasiones. En esta entrada vamos a mencionar un caso dudoso en relación con unas imágenes que recogen un pequeño conjunto de moneda húngara de comienzos del s. XV. Se trata de un conjunto inusual de seis dineros insertados en un alambre de cobre. Cada una de las monedas tiene dos agujeros (con un excepción) y se trata de monedas con un escaso valor o ya sin valor liberatorio.

Se trata de un dénar de Sigismund de Luxemburgo con una cruz patriarcal y un escudo, sin marca visible y con parte de la leyenda apreciable (MONSIGIS…/REGISHUNGRIAET), cuadro quartings sin leyenda, algunos con marcas (B-ε; A-; R-S) y un pequeño disco de plata, que pudo ser una moneda desgastada.

Hay pocos conjuntos monetarios descritos de este período (Teodor MUNTEAN, “A Coin Hoard From the Time of Sigismund of Luxemburg in the Collection of the “Ioan Raica” Municipal Museum in Sebeş”, TERRA SEBVS 3, 2011) y, que pueda adivinarse, no hay ejemplares descritos con estas características.

No es posible saber la procedencia de conjunto, si bien las primeras imágenes saltaron a la luz hace ya varios años. Además, la naturaleza de las monedas, probablemente ya en desuso cuando se agujerearon y de nulo valor, permite suponer un origen en la misma región.

Se trata de monedas de poco valor estético como para servir de adorno. Además, no se han descrito ejemplares o conjuntos de ellos agujereados. Por lo tanto, la finalidad de conservarlas en estas condiciones puede servir para una finalidad ritual de difícil determinación a modo de ofrenda. En cuanto al momento, se trata de emisiones fabricadas con anterioridad a 1437 y no hay ejemplares posteriores a esa fecha, lo que nos permite enmarcar temporalmente la acción en torno a ese último año.

Revolución francesa y democracia

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La Revolución Francesa de 1789 trae consigo la desaparición de las viejas estructuras autoritarias y la aparición de las naciones modernas, construidas sobre estructuras estatales sólidas. Uno de los aspectos fundamentales que acompañan este acontecimiento es la aparición de la democracia como forma de constituir la voluntad popular, con el inmediato antecedente de la Constitución norteamericana de 1787. El marco fundamental se integra por la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 y las sucesivas constituciones de 1791, 1793 y 1795. Su puesta en práctica no fue una labor sencilla. Como es bien sabido, Robespierre inició en 1793 una etapa en la que, con apoyo en una norma que se facilitó y que le facultaba a actuar, se persiguió la los discrepantes y que concluyó con el marco constitucional de 1795, mejorado respecto de los precedentes. Sus bien los conocidos lemas de la Revolución son libertad, igualdad y fraternidad.

Las ideas fundamentales  que inspiran esta nueva configuración política son, por un lado, la necesidad de participación política de todos los ciudadanos que reclamó Sieyes en la práctica y que traen su antecedente científico en El contrato social de Rousseau de 1762, y por otro, la precisa división de poderes propuesta en el análisis realizado por Montesquieu en El espíritu de las leyes de 1748.

El marco constitucional instaurado en la República Francesa consagró la representación indirecta por igual de todos los ciudadanos a través de electos en diferentes circunscripciones, con igualdad entre ellas. Asimismo, las constituciones materializaron la separación tajante de los poderes de legislar, ejecutar las leyes y resolver el derecho por parte de tribunales independientes.

Una de las claves fundamentales para instaurar la nueva forma política en este período fue superar la idea de democracia directa que sugirió Rousseau, cuando afirmaba que la manera de establecer la voluntad popular en una hipotética república formada por diez mil personas se limitaba a la votación de cada norma por todos los contrayentes del contrato social. En realidad, reducir la democracia al acto de votar cada cierto período o con motivo de una concreta ocasión es una equivocación por muchas razones que van más allá de las dificultades prácticas de reunir a los ciudadanos. Primero, porque la democracia (y con ello la creación de una estructura estatal fuerte que la garantice) requiere mucho más allá que el llamamiento a los ciudadanos a constituir una asamblea permanente o a prestar opiniones puntuales. Segundo, porque cada norma o decisión requiere el análisis de unos matices que deben discutirse en parlamentos, que es donde se reúnen los electos para hablar (no para quitarse la palabra o evitar que los demás se pronuncien) y valorar posadamente las consecuencias de cada actuación. Tercero, porque las decisiones requieren un procedimiento consensuado que faculte la discrepancia, en modo alguno a través de reglamentos que impidan de hecho la participación de los adversarios o en consultas ciudadanas articuladas para que sólo los partidarios de una idea intervengan de manera real y efectiva. Lamentablemente, no faltan en la historia casos de democracias simuladas, abusos y fraudes en su gestión que han generado en las sociedades heridas que ha sido difícil cerrar.

Aquellos revolucionarios ilustrados acertaron en evitar reduccionismos de la idea de democracia y superaron sus momentos más complicados. Sin duda,  la democracia es una forma de gestión de la cosa pública que va más mucho más allá de un voto a las bravas o limitado a una votación, sea puntual o periódica. Lógicamente, la democracia es al estado lo que el estado a la democracia pues lo uno no puede existir sin lo otro. Evidentemente, la democracia es incompatible con el desprecio a las opiniones ajenas y con la imposición de las propias sin dar cauce material a los disconformes. Absolutamente, la democracia es consustancial a la articulación de las reglas del juego en que deben producirse la participación de los ciudadanos y la necesaria intervención de los poderes públicos constitucionalizados. Por supuesto, la democracia exige cauces que faciliten la oportunidad de discrepancia sin señalar o despreciar a quienes divergen de las propias opiniones. En modo alguno, la democracia es incompatible con el ninguneo de los demás. De ninguna manera, la democracia es propiedad de quienes pretendan ser sus dueños.