Autor: morabetino

Eugenio Manzanas, ensayador de Toledo

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Contamos con pocos retratos de las personas encargadas de la acuñación en el Siglo de Oro. Un caso especial es el de Eugenio Manzanas, probablemente hijo de Baltasar de Manzanas, que le precedía en el cargo de ensayador de la casa de moneda de Toledo. La actividad de Eugenio Manzanas es conocida entre algo antes de 1557 y se extiende hasta algo antes de 1580, empleando como marca una letra M con una estrella encima. El retrato procede de la edición con su nombre en 1583, tras su fallecimiento, de un libro de caza titulado Libro de enfrentamientos de la Gineta en Toledo, cuya primera edición se había producido en 1570.

Nuevo título sobre moneda medieval

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Imagen: Jesús Vico

En breves fechas saldrá a la venta el título Las monedas leonesas y castellanas del siglo XII, escrito por Antonio Roma Valdés, con la colaboración de Erea Castro Alfonso, Pablo Rueda Rodríguez-Vila y Raúl Sánchez Rincón, con tirada en papel.

Este libro se pregunta por las cuestiones básicas sobre la moneda medieval y trata de contestarlas con el rigor exigible, contrastando fuentes directas y deduciendo con los criterios científicos las conclusiones con aportaciones de otras ramas científicas. El estudio del mensaje que pretenden transmitir quienes encargan la fabricación de monedas es una materia no estudiada de manera separada y específica en los estudios numismáticos. Diversos autores han presenciado en la moneda frecuentemente con omisión de elementos relevantes para comprender las emisiones monetarias en su conjunto.

Falta el estudio de la moneda con la perspectiva de quien la fabrica (que no es el rey) y los ojos de quien la tiene en su mano. Además, los estudios numismáticos han sido presos de la necesidad de clasificar las monedas y atribuirlas a un momento que nunca puede ser lo suficientemente concreto y se olvida que el estudio numismático va mucho más allá de la mera clasificación. Rascar en la superficie y profundizar en el mensaje de la moneda se muestra en estas condiciones como un ejercicio necesario para entender la moneda medieval y, eventualmente y con acompañamiento de otros factores no limitados a un historicismo decimonónico, para ayudar establecer criterios científicamente rigurosos de clasificación.

El marco temporal elegido para este estudio es el siglo XII junto con los años inmediatamente anteriores y posteriores, un período de explosión cultural en la Europa occidental a través, entre otros factores, de la irrupción del románico, un fenómeno cultural con impresionantes manifestaciones en arquitectura, escultura, pintura y otras artes de las que forma parte la moneda. Y el marco espacial es el formado por los reinos de Castilla y León, con referencias a la presentación del mensaje en otras regiones aledañas.

En el período románico el empleo de símbolos es una forma de lenguaje fundamental, una vía de acceso al conocimiento que aproxima al observador con las realidades inmateriales o espirituales que se basa en una convención perfectamente asumido por los contemporáneos. En estas condiciones, el símbolo es necesario tanto para quien transmite un mensaje como para quien debe interpretarlo y se basa en una abstracción que requiere de una mínima iniciación que impide que en algunos casos nos resulte perfectamente identificable en la actualidad.

La variedad de los tipos y su vinculación con elementos iconográficos complejos constituyen los elementos más difíciles de afrontar en el estudio de las monedas medievales leonesas y castellanas. De entre el conjunto de emisiones de la Edad Media europea, las realizadas por encargo de los reyes leoneses y castellanos del s. XII son excepcionales por la variedad tipológica y la razón de este fenómeno ha sido pasada completamente por alto. Su explicación requiere preguntarse dos cuestiones, la primera, porqué tantas emisiones; la segunda, porqué todas responden a tipos tan distintos.

Por lo tanto, se trata de contestar a estas preguntas sobre la base del análisis transversal de los aspectos fundamentales que permiten obtener datos contrastables. En la tesis doctoral del autor principal, titulada Emisiones monetarias leonesas y castellanas de la Edad Media. Organización, economía, tipos y fuentes, leída el año 2008 y publicada en 2010, se indagaron los aspectos organizativos que condicionan la producción monetaria. Sin embargo, no se aportó una explicación a la variedad tipológica característica de las monedas leonesas y castellanas del s. XII. Se analizaron las limitaciones del rey para acuñar, esto es, los aspectos jurídicos, técnicos y económicos que condicionan las acuñaciones, pero sin profundizar en las razones del enorme elenco de tipos monetarios. Con un apoyo en la literatura científica internacional, se añadían nuevos análisis metalográficos, se consideraron los datos arqueológicos y se realizaron diversos estudios transversales relativos a la identidad y otros aspectos relativos a los monederos medievales, la técnica de fabricación, el proceso de instalación e institucionalización de las casas de moneda, el movimiento internacional de los metales y sobre todo ello se interpretaron las emisiones monetarias medievales leonesas y castellanas, con mayor detalle desde 1190 en adelante, que es hasta donde las fuentes directas entonces empleadas en su momento permitían llegar con el mínimo rigor científico. Más reciente en el tiempo, en Románico y gótico en la moneda medieval castellana y leonesa, libro que cuenta con varios miles de lecturas, se dan cuenta de los aspectos artísticos.

La explicación a la variedad monetaria del s. XII exige una mayor observación del propio numerario de manera fundamental y realizar nuevos análisis transversales, en este caso alusivos a la iconografía de los tipos, al latín empleado en las leyendas y a los sistemas de marcas monetarias. Y se compara el fenómeno monetario con otros aspectos de importancia en el período como la filología latina, la orfebrería, la cantería, la sigilografía y la diplomática. Además, nuevos datos sobre el origen de los monederos y las formas de uso de la moneda por quienes las tienen en su mano son materias que permiten contestar las grandes incógnitas que plantean estas series tempranas.

La estructura del libro responde a la presentación de la moneda desde una perspectiva alejada de la visión centrada en el poder emisor. Comprender las acuñaciones exige ir mucho más allá y limitar su observación al interés real supone preterir aspectos fundamentales y una baza fundamental para errar el disparo. Pero también hay que entender esta motivación y por ahí se comienza, enfrentando al rey con su voluntad para emitir numerario. Sin embargo, es preciso profundizar en otros aspectos que son fundamentales para entenderla, comenzando por saber quién decide de forma más o menos detallada qué han de representar los tipos monetarios y a través de qué criterios para después sentar al tallador de cuños ante estos instrumentos limpios, poner el cuño en las manos de los monederos que la deben acuñar y finalmente guardar las monedas acuñadas en el zurrón de los paisanos. Con otras palabras, el análisis se realiza leyendo los tipos y su simbología, apreciando la forma en que se expresan las leyendas, para terminar, estudiando cómo los campesinos y comerciantes se relacionan con el dinero.

Romper las reglas trae consigo muchas las novedades en las conclusiones. Los lectores arraigados en ideas preconcebidas o carentes de sentido crítico se verán sorprendidos. No se pretende convencer sino razonar y abrir perspectivas.

Para finalizar, advertir que no se encuentra ante una obra individual. En la autoría aparecen otros autores numismáticos, como Erea Castro Alfonso, conservadora del Museo de Pontevedra, cuyos conocimientos artísticos facilitan entender el mensaje iconográfico; Raúl Sánchez Rincón, el arqueólogo alavés con el que se estudia la visión de la moneda por parte de sus contemporáneos; y el jurista Pablo Rueda Rodríguez-Vila en el estudio de la configuración del poder real sobre la moneda, además de otras aportaciones. La lectura común del texto final ha enriquecido el conjunto. Pero hay otras opiniones muy valiosas, como las de Ana Serrano o Francisco Cebreiro.

Cuarentena

De vez en cuando aparecen monedas desconocidas que ayudan a entender las emisiones monetarias de cualquier período. En los últimos tiempos, la venta pública de grandes colecciones antiguas, acompañadas de excelentes reproducciones, nos ha permitido aclara nuestra percepción. También hemos visto otras monedas que, cuando menos, confunden.

Recientemente la importante casa de subastas Heritage Auctions ha puesto a la venta dos morabetinos castellanos de oro que parecen dirigidos a romper los esquemas. Son dos ventas sencillamente rompedoras, sorprendentes… mucho. Vaya por delante que esta entrada no pretende afirmar la falsedad de las monedas subastadas. Bien es cierto que tampoco las incluiría por mi parte en un repertorio de monedas medievales castellanas, ni tampoco dedicaría a ellas una contribución para su publicación en una revista científica. Bien es verdad que no faltan contribuciones de autores que las han interpretado con distintas pretensiones y enfoques que empero no consideran los esquemas organizativos de las emisiones castellanas del s. XIII.

Llama la atención que en un período breve de tiempo una casa de subastas no especializada en moneda castellana enajene de manera consecutiva dos ejemplares excepcionales. En agosto de 2015 se ofreció a la venta un ejemplar al que ya se dedicó una entrada en este blog caracterizado por la sustitución de la expresión ALF en una cada por la de hENRIC, entre otras expresiones que cambian en el texto escrito en árabe. En agosto de 2018 se puso a la venta un morabetino con la referencia a Sevilla y con la fecha correspondiente al año 1264, muy alejada en el tiempo de los últimos emitidos con alusión a Alfonso VIII y en una ciudad que no es Toledo. Rompedores absolutamente.

El morabetino alusivo a Enrique es llamativo, mucho. Los llamados morabetinos alfonsinos en la documentación del período tienen la expresión ALF y se acuñan hasta el año 1256 de la era del Safar, equivalente al año 1218. Sin embargo, este ejemplar corresponde al año 1253 (1215). Es poco comprensible que se sustituyera en ese año la referencia ALF, perfectamente identificadora de una moneda de prestigio por otra distinta y, por otra parte, es inexplicable por qué a continuación se sigan acuñando ejemplares con la vieja referencia ALF. Y no se entiende que existan ejemplares con la misma fecha de 1253 que, sin embargo, mantienen ALF y no hENRIC. Eso sí, el ejemplar es de una aparente buena técnica.y quien haya escrito en el cuño parece saber qué quería decir. Eso sí, añadiendo de forma absolutamente inusual el numeral al nombre del progenitor del rey. ¿Falsificación?, ¿fantasía?, ¿auténtica?… Cuarentena.

Esta es la foto de Heritage Auctions.

El segundo morabetino es igualmente llamativo. Aparentemente, hay dos ejemplares que proceden de cuños diferentes, aspecto que puede permitir suponer la autenticidad. Quedémonos con varios datos: se indica la acuñación en Sevilla, supongamos que en la casa de moneda, el año 1264 y con el valor de un morabetino algo bajo de peso. La imagen de la moneda subastada se acompaña un texto que acude a un documento publicado en 1838 por Vicente Argüello y que autores más recientes como Pío Beltrán o Josep Pellicer han dado interpretaciones que no favorecen suponer el regreso a la fabricación de morabetinos adaptados a las formas antiguas. Pero pensemos qué tenemos entre manos.

Lo primero el valor, el morabetino, aparentemente más bajo de peso. Pues bien, los morabetinos toledanos dejan de fabricarse en  un tiempo en el que a la reducción del volumen de oro en circulación se une el hecho de la sustitución del valor de la unidad de referencia de oro: a los morabetinos de cerca de 3,88 g les sustituyen las doblas almohades de algo más de 4,60 g, fabricadas y usadas en Sevilla. De hecho y para ser más concreto, en 1264 es difícil imaginar la circulación de morabetinos en Sevilla. El propio Alfonso X acuña en esa ciudad en 1270 ó 1272 doblas castellanas. Por añadidura, en 1264 Alfonso X establece la acuñación de una moneda llamada “de la guerra” con valores en plata pura y vellón, caracterizados por poner la leyenda en seis líneas en una cara y dos castillos y dos leones  en la contraria.

Lo segundo, que el rey Alfonso VIII está en 1264 en un proceso de organización de las casas de moneda, que se centralizan en un conjunto de ciudades, de algunas de las cuales tenemos documentación. Una de las figuras fundamentales de las mismas es la del tallador o entallador, encargado de la fabricación de cuños. El único tallador conocido de este período es don Marcos, de León, en 1277, con seguridad cristiano.

Lo tercero, Alfonso X, aspirante al sacro imperio, es un rey que realiza unas emisiones monetarias con una importante carga propagandística, unificando los emblemas de León y Castilla. Y aquí nada hay de esto: se vuelve a la referencia de Alfonso VIII en monedas escritas en árabe.

Resulta que en Sevilla se acuña moneda de oro con cuños escritos en árabe, supuestamente por un entallador especial, con un valor en desuso y sin la carga propagandística propia de Alfonso X. No encaja: las nuevas casas de moneda no están preparadas para realizar esta emisión, el mercado no está adaptado al viejo valor, el rey no da señales de querer volver a aquel valor cuando poco después fabrica moneda de oro conforme al patrón almohade. Cuarentena.

Ninguna colección antigua o moderna de las vendidas recientemente contiene ejemplares semejantes. Además, son los únicos morabetinos castellanos puestos a la venta en la misma casa de subastas y en un tiempo muy corto. A pesar del texto explicativo publicado, susceptible tanto de agradecimiento como de discusión, no se da un aporte fundamental, a saber, si el propietario de las monedas es la misma persona porque, si así fuera, la sospecha sería la única respuesta: resulta que una casa de subastas no especializada ofrece al público morabetinos castellanos, sólo dos piezas (ninguna otra en sus campos de búsqueda) y ambas excepcionales. No pido que se publiquen datos de origen, pero no estaría de más que se dijera si el propietario vendedor es o no el mismo.

Una edición excepcional de Enea Vico

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Uno de los primeros investigadores de la numismática en el renacimiento italiano es el grabado Enea Vico (1523-1567). Sin duda es un excelente ejemplo del saber renacentista. Excelente artista al servicio de los Medici y los duques de errara, Enea Vico estudió la moneda romana y se refirió a ella tanto en latín como en italiano. Publicó casi siempre en Venecia los títulos siguientes: Le immagini degli imperatori (en latín  1553 y 1554, en italiano en 1548 con Zantani y 1552), Augustarum imagens aeris fomis expressae (1558), Ex libris XXIII comentariorum in vetera imperatorum romanorum numismata (1562), Immagini delle Donne Auguste (1557),  Tavola Isiaca (1559), Commentari alle antiche medaglie degli imperatori romani (1560) y particularmente sus Discorsi di M. Enea Vico Parmigiano sopra le medaglie de gli antichi (1555 y 1558). Sus obras se plasman en buenas ediciones acompañadas de sus grabados, que han merecido algunos estudios.

Junto a Vico cabe mencionar en la Italia de su tiempo de Fulvio Orsini (1529-1600), Sebastiano Erizzo (1525-1585) y Jacopo Strada (1507-1588). Enea Vico se adelantó a todos y sus Discosi constituyen la primera obra científica de la numismática.

El objeto de este pequeño estudio es precisamente una edición de sus Discorsi impresa por Gabriel Giolito de Ferrara en Venecia en 1558. Como señala Dekesel, A bibliography of 16 th century numismatic books, 1997, V-23, p. 979, se encuentra publicado en papel en cuarta, con numeración latina de las 112 páginas y en tinta negra. En la portada hay un grabado del propio autor. Puede añadirse que se trata de una edición adelantada a su tiempo. En este caso, un antiguo propietario escribe con grafía propia de los ss. XVI-XVII p.T.S.C y El licenciado Molina de ¿xxx?. El ejemplar en cuestión mantiene la encuadernación original en papel y procede de una antigua biblioteca italiana en último término. Sabemos que algunas bibliotecas castellanas del s. XVI contaban con libros de numismática, si bien ninguna de las conocidas señala la posesión de este tratado. En todo caso, el renacimiento español trae consigo grandes autores de la numismática y otros muchos interesados en las medallas antiguas, por lo que se trata de saber a quién pudo pertenecer. Y hay muchos con el apellido Molina que pueden ser acreedores de la asignación. Vemos a continuación los conocidos durante este período en orden cronológico de nacimiento.

Juan de Molina (h. 1485-h. 1552) fue un humanista y traductor que n 1527 publicó en Valencia un Cancionero. Un segundo Juan de Molina Tractado llamado Argumento de vida, repartido en doce diálogos de diversos estados de hombres, donde cada uno aprueba la mejoría de su vida, Sevilla, 1550 y Tractatus differentiarum inter ius commune et regium tam in ultimis voluntatibus quam in contractibus et delictis, Valladolid, 1551. Ninguno de los dos parece tener interés con la materia que trata el libro de Enea Vico.

Un Licenciado Bartolomé Sagrario de Molina fue obispo de Mondoñedo y editó Descripción del reyno de Galizia y de las cosas notables dél, con las armas y blasones de los linajes de Galizia, de donde proceden señaladas casas en Castilla, Mondoñedo, 1550. A pesar d firmar como licenciado, este Molina tampoco parece haber tenido interés por los antiguos.

Luis de Molina (1535-1600) fue un excelente jurista vinculado con las universidades de Salamanca y Alcalá en el tiempo en el que nace la numismática como ciencia en esos precisos tiempos en España. Autor de una extensa obra, este teólogo y jurista no escribió nada sobre la medalla ni consta una razón de su interés por esta ciencia.

Gonzalo Argote de Molina (1548-1596) fue un gran hombre de su tiempo en Sevilla. Literato, historiador, anticuario y militar, poseía una gran biblioteca. Contamos con diversos retratos y a él debemos excelentes ediciones y manuscritos. También conocemos su firma, bien distinta a la de la edición que se comenta. Sin embargo, no era licenciado, que se sepa.

Alonso Molina de Medrano (1549-1616), licenciado, político y teólogo, autor de alguna publicación, tampoco parece ser el titular de este libro.

El asceta Antonio de Molina (1560-1619) fue doctor en cánones por la Universidad de Salamanca. Escribió varios libros religiosos que se siguieron reeditando mucho más tarde.

No puede pasarse sin mencionar al religioso, dramaturgo y poeta Tirso de Molina (1579-1648) que, sin embargo, respondía al nombre de Alonso Téllez.

El extremeño Juan Alfonso de Molina Cano fue un matemático autodidacta que en 1598 publicó en Amberes Descubrimientos geométricos. Alexander Davie menciona en el Segundo volumen de A Catalogue of the Libraries of Edward Webbe publicado en 1751 la edición de los Discorsi de Enea Vico de 1555 y los Descubrimientos geométricos de Juan Alfonso de Molina en una misma biblioteca. Sin embargo, el carácter autodidacta de este Molina impiden considerarlo propietario de la edición que se comenta.

También puede citarse a un Juan Molina de la Guerra, licenciado y abogado, del que conocemos unas alegaciones de 1678.

Por su parte, Gerónimo de Molina y Guzmán, de quien nada más sabemos, publicó indicando en la portada su condición de licenciado Vivir contra fortuna, escuelas políticas de Séneca en Murcia en año 1652. Este libro y una edición de los Discorsi de Enea Vico producida en París en 1619 en París se encuentran en una biblioteca alemana en 1696.

De todos los licenciados conocidos con el apellido Molina, el candidato más posible, dentro de las muchas dudas, es el religioso Miguel Gerónimo de Molina y Aragonés (1638-1698), nieto de un inquisidor aragonés y de un notario, llevando ambos el nombre de Juan Antonio. Gerónimo fue inquisidor en Barcelona y después obispo en Malta y Lérida. Esta presencia en Malta pudo favorecer el contacto con las ediciones italianas en la materia.

Viaje numismático a Brasilia

El Museu de Valores del Banco Central de Brasilia se encuentra dentro de un edificio característico de la arquitectura moderna de la capital brasileña. Se encuentra dividido en dos partes, una dedicada a la moneda y otra dedicada a la producción de oro.

En la primera parte se contienen ejemplares en excelente estado de conservación de las monedas circulantes en Brasil desde los primeros momentos. En la segunda en un aparente cofre de hormigón se explica la producción de oro desde la recogida de las pepitas hasta la conversión en lingotes y de estos en monedas y medallas.

Viaje numismático a La Haya

El Museo Meermano de La Haya reúne la colección formada por  Willem Hendrik Jacob (1783–1848) y Johan Meerman (1751–1815), con una excelente biblioteca en la que no falta ediciones clásicas como los diálogos de Antonio Agustín. El Museo se dedica a las ediciones, desde un taller de escribano medieval a las modernas técnicas. Además, encontramos numerosas antigüedades egipcias, griegas o romanas.

Y en lo que aquí interesa, cuenta con una amplia colección de moneda romana. Destacamos una caja preparada a comienzos del s. XIX por el anticuario romano Antonio Odelli con sestercios de los doce césares, una ocasión para apreciar la forma de coleccionar en su período.

El medievalismo numismático en inglés

La reciente desaparición de Peter Spufford (1934-2017)  supone una importante pérdida para los estudiosos de las monedas medievales europeas. Peter Spufford era fellow del Queen’s College de Cambridge, profesor de Historia económica y catedrático de Historia Europea. En sus estudios de historia económica refleja la presencia de la moneda desde una visión muy profunda del conocimiento tanto de la documentación como del testimonio material que es la moneda. Brillante en sus exposiciones personales lo era también por escrito. Entre sus virtudes, destacar su visión de todo el contexto europeo, de manera que sitúa cada economía monetaria en relación con las demás de una manera comprensible.

No es la única autoridad desaparecida recientemente. Vinculado también con la universidad de Cambridge el irlandés Philip Grierson (1910-2006) era profesor de numismática y conservador del Fitzwilliam Museum. Grierson formó una importantísima colección de monedas europeas que en la actualidad se encuentran en la institución y , sobe todo, es un excelente científico gracias una visión amplia de la numismática en modo alguno local.

Vinculo con la misma universidad, Marc Blackburn (1953-2011) también dedicó algunos escritos a esta materia.

La última figura a estacar en el Reino Unido es David Michael Metcalf (1933), inactivo en los últimos años, y conservador del Ashmolean Museum y profesor e la Universidad de Oxford. Autor de numerosas publicaciones, deben destacarse su contribuciones a la metodología, aproximándose a la moneda desde las perspectivas del estudio metalúrgico, la estadística y la arqueología. Su obra es amplísima y, como la de los anteriores, muy recomendable.

En Estados Unidos destacar a John Carpenter Miles (1904-1975), cuya implicación con la Universidad de Princeton y la American numismatic Society le permitió conocer la colecciones de moneda pertenecientes a la Hispanic Society.

Hoy sigue habiendo otro grandes historiadores con dedicación a la moneda medieval, como Andrew Burnett, Pamela Nightingale, J. L. Bolton o Roi Naysmith. Algunos casos más especializados son destacables como el profesor de Princeton Alan Stahl o el conservador asistente del Museo Fitzwilliam Richard Kelleher, a quienes debemos grandes trabajos que implican una continuación de este período.

Con todo y con ello, la desaparición o el cese de actividad de los señalados más arriba supone el cierre de una época brillante y sus escritos, que supusieron un empuje al estudio de la numismática medieval entre los años sesenta y noventa, deberían ser conocidos por cualquiera que pretenda acercarse a la materia. Su visión es amplia, no sólo por aproximarse a la moneda desde nuevas perspectivas metodológicas sino también por la omnicomprensión de la moneda, vista ahora al margen de los aspectos descriptivos y enfoques meramente historicistas propios del s. XIX. No entienden la moneda desde una perspectiva local sino que la moneda se sitúa en términos mejor contextualizados y, aunque en ocasiones se refieren a series de un determinado espacio y lugar, su enfoque es universal.

Un poco de bibliografía de estos nuevos clásicos útil para conocer las monedas medievales españolas:

D. M. Metcalf

  1. “A hoard of billon of Fernando IV”, American Numismatic Society Museum Notes 18, 1972, 87-107
  2. “A parcel of coins of Alfonso VI of Leon (1073-1109)”, Problems of Medieval Coinage in the Iberian Area 3, Santarem, 1988, 287-300
  3. “The coinage of the first and second Suevoc kingdoms: from romanitas to latinization”, Galicia: da romanidade á xermanización, Santiago, 1992, 355-365
  4. “Where were suevic coins minted?”, IV Congresso Nacional de Numismática. Actas. Assodaçao Numismática de Portugal, Lisboa, 1998, 57-67
  5. “Visigothic Monetary History: The Facts, what Facts?”, En ALBERTO FERREIRO, The Visigothics. Studies in Culture and Society, Brill, 1999, 201-217
  6. D. M. METCALF, J. M. MERRICK, L. K. HAMBLIN, Studies in composition of early medieval coins, Minerva, Newcastle upon Tyne, 1968

P. Spufford

  1. “Mint organization in late medieval Europe”, N. J. MAYHEW, P. SPUFFORD, Late Medieval Mints: Organisation, Administration and Techniques, The Eighth Oxford Symposium on Coinage and Monetary History, British Archaeological Reports 389, 1988, 7-29.
  2. Dinero y moneda en la Europa medieval, Barcelona, 1991.
  3. “Financial marketsand money movements in the Medieval Occident”, Viajeros, peregrinos, mercaderes en el occidente medieval, Pamplona, 1992, 201-216.
  4. “Monetary practice and monetary theory in Europe (XII th -XV th centuries)”, Moneda y monedas en la Europa Medieval (siglos XII-XV), XXVI Semana de Estudios Medievales, Estella- Lizarra, 19-23 julio 1999, Pamplona, 2000, 19-52.
  5. “Conclusioni”, I Luoghy della moneta. Le sedi delle zecche dall’antichità all’etta Moderna, Atti del Convengo internazionale 22-23 ottobre 1999, Milano, Milán, 2001, 157-168.
  6. “The Mint Buildings of Medieval Europe”, XIII Congreso Internacional de Numismática, Madrid 2003, Actas, Madrid, 2005, 1059-1065

P. Grierson

  1. Coins of Medieval Europe, Londres, 1991
  2. Crusafont, M., Balaguer, A. M., Grierson, P., Medieval European Coinage: Volume 6, The Iberian Peninsula, Cambridge, 2014

G. C. Miles

  1. The coinage of Umayyad of Spain, Nueva York, 1950.
  2. The Coinage of the Visigotlis of Spain. Leovigild to Achila II, Hispanic Monetary Series, ANS, Nueva York, 1952.

  3. Coins of the Spanish Muluk al-Tuwaif, Nueva York, 1954