Arte y dinero tradicional africano 1

La serie de pequeños artículos de la que este es el primero trata de mostrar las formas de dinero que tradicionalmente se han realizado en África con anterioridad al uso corriente de la moneda metálica desde una visión estrictamente personal de un amante del arte africano. Precisamente el arte africano requiere un enfoque muy distinto del que empleamos los europeos al apreciar el que nos es propio, además, el dinero africano tiene un sentido que no es estrictamente igual al de su uso cotidiano de cambio y medida de valor que se encuentra extendido en nuestra cultura.

Las distintas partes de esta serie requieren entender las particularidades del llamado arte africano y, además, las propias del dinero tradicional. A partir de entonces se podrán entender las formas en que se manifiesta.

El arte africano

Por arte africano se concibe el producido en las regiones ubicadas al sur del Sáhara, muy dominadas por el influjo del arte islámico y cristiano (caso de los nubios), según las zonas. No disponemos mucha bibliografía de arte africano publicada en español, siendo en general divulgativa y generalista, muy abundante en fotografías que destacan el aspecto estético que colman la observación, si no la admiración, del lector, aspecto lamentablemente negativo cuando existe una vinculación cultural importante con una nación ubicada precisamente en el Golfo de Guinea como es Guinea Ecuatorial, con unos lazos culturales y lingüísticos con las demás de habla hispana. Existe en cambio otra bibliografía no muy extendida en inglés, además de las colecciones de algunos de los museos europeos y americanos más importantes[1].

Puede anticiparse como punto de partida, que bajo el concepto genérico de arte africano se comprende una infinidad de culturas llenas de enorme personalidad propia, pudiendo hablarse de muchas familias y particularidades artísticas. Las notas que pueden caracterizar todas ellas se resumen en las notas siguientes:

  • Espiritualidad. Muchas de las manifestaciones artísticas se conciben para comprender el objeto en el marco de un rito o expresión cultural propia.
  • Tradicionalidad, inmaterialidad, evolución. Los objetos y expresiones artísticas manifestadas también en músicas, ropa y tatuado del cuerpo responden a una tradición evolutiva de las creencias y las formas asociadas a ellas heredadas de generación en generación a través de una concepción inmaterial de las formas. Predomina la tradición sobre la mano, normalmente anónima, de su autor.
  • Expresividad. Cada autor incorpora en el objeto o manifestación artística su forma personal de entenderla de manera en ocasionas muy llamativa.
  • Simplificación de la forma. La línea evolutiva de muchas de las manifestaciones artísticas ha determinado una progresiva simplificación, hasta el punto de alcanzar cierta abstracción de las formas. Aunque el objeto representado es normalmente vivo, esta simplificación pude determinar una abstracción sin perder con ello expresividad.
  • Tangibilidad. Los objetos están hechos para ser vistos, tocados y escuchados. El observador puede tener la tentación lógica de unirse al objeto a través del tacto.
  • Naturalidad. Las manifestaciones artísiticas colman todas las manifestaciones de la vida con un color, un sonido y unas formas de la representación humana.
  • Variedad. Cada manifestación artística deriva de las distintas culturas, con sus cientos de lenguas, variedades raciales, tradiciones, condiciones del territorio y materiales empleados.

No es de extrañar que Picasso iniciase su época rosa tras observar por vez primera una pieza africana, probablemente Bambara, o que el galerista Beyeler, impulsor del arte de las vanguardias de principios del siglo XX acumulase junto a pinturas de esta época numerosas piezas de arte africano.

Las publicaciones de arte africano suelen referirse a manifestaciones muy antiguas de culturas desaparecidas, como las terracotas Nok, que pueden ser anteriores a Jesucristo o bronces de Benín, en torno al siglo XV. Sin embargo, el arte africano cuenta con un componente cultural más variado y evolutivo que se plasma en la actualidad a través de manifestaciones y materiales que varían en función de cada cultura. Por ejemplo, se abunda en las marionetas de los Bambara, las escaleras de los Dogón, las máscaras de los Baulé o los Bobo o los tejidos de los Kuba.

En la actualidad, estas manifestaciones se enfrentan a algunas dificultades:

  • El carácter efímero de los materiales empleados hace que los colores naturales se pierdan o que la madera o el tejido se pudra si no se respetan condiciones adecuadas de conservación. De hecho, en las convenciones internacionales se entiende que un objeto africano es antiguo cuando excede de 20 años frente a los 100 de los europeos.
  • Las tradiciones que impulsan la creación de los objetos se pierden y hacen que sus poseedores dejen de encontrar el aspectos simbólico que motivó su creación, inmaterialidad y posesión heredada.
  • No hay museos locales ni estudios sobre el terreno que analicen la riqueza cultural africana[2].

El dinero tradicional africano

El concepto de dinero requiere asimismo otra perspectiva, toda vez que no es tan útil para el cambio hasta los últimos años en muchas poblaciones. De hecho, son muy pocas las manifestaciones de objetos vinculados con en comercio como pueden ser las variadas pesas de oro Ashanti.

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En muchas de las regiones africanas existe una naturaleza exuberante que condiciona una economía natural en la que la permuta constituye la forma contractual más importante en numerosas transacciones menores, incluso durante el siglo XX.

Por lo que se refiere a la terminología, en ocasiones la historiografía se refiere a estos objetos como premoneda, término equívoco que parece excluir su valor mínimamente económico que desconoce su utilidad de cambio o que los sitúa en una fase evolutiva previa a la moneda metálica importada. Tampoco son moneda por no ser iguales unos objetos a otros de manera que su valor es siempre mucho más relativo. Por eso estas manifestaciones merecen la denominación de dinero o money en las obras publicadas en inglés.

Los componentes que sirven de base al valor dinerario de los objetos que se mencionarán son:

  • Su valor cultural, en ocasiones se trata de particularidades territoriales vinculadas con los componentes inmateriales de los objetos. Muchas de las manifestaciones artísticas confieren el valor de cambio de estos objetos por su utilidad dotal, espiritual o votiva.
  • El reconocimiento social y personal que conllevan, de manera que tienen un valor más simbólico que real[3].
  • En ocasiones, los objetos presenta per se valor de cambio.

Guinea Ecuatorial

Como no puede ser de otra manera, la primera manifestación de dinero tradicional africano tiene que ver con Guinea Ecuatorial, nación que mantiene la lengua española, aunque las relaciones culturales y económicas debieran ser mucho más profundas de lo que ahora son.

La vinculación de las islas de Fernando Poo, hoy Bioko, poblada por Bubis, Annobon y Corisco, además de la Guinea Continental o Río Muni, con presencia Fang, con España arranca en 1778 y concluye en 1968, cuando culmina la descolonización y arranca la independencia de Guinea Ecuatorial.

José Muñoz Gaviria publicó en Madrid en 1871 el volumen dedicado a África, Islas de Fernando Poo Cabisco y Annobon de la Crónica General de España y dedicó un párrafo al uso de la moneda que viene acompañado de muchas referencias a la vida y costumbres de sus habitantes, que vincula con una economía natural.

Pese a las pocas líneas empleadas, la información es interesantísima y es mencionada por otras obras desde 1858 en relación con la isla de Fernando Poo, cuya colonización fue transitoriamente compartida entre españoles y británicos entre 1827 y 1846[4]. El empleo de dineros concha o shell money es común desde al menos el siglo XVII en la costa africana, desde Angola hasta Nigeria[5]. En el caso de Fernando Poo se emplea para su fabricación la achilina, en realidad la achatina fullica, un caracol de enorme tamaño que puede llegar a 30 cm, con una concha oscura, que permite diferenciar el dinero de Fernando Poo de otras formas de este dinero. Como sucede con otras manifestaciones, los artífices fabrican casi en serie objetos circulares de tamaño variable, que aquí sabemos que eran de pequeñas dimensiones, con un agujero central. Además, sabemos que se llevaba en el cuerpo, normalmente desnudo de los Bubis, nombre que responde a la traducción de la palabra hombre con el que se referían al tratar con los europeos. Lamentablemente, no nos han llegado ni grabados ni fotografías de personas que portasen pulseras, brazaletes, collares o cinturones con conchas recortadas de achatina en la isla. Además, el lugar de fabricación es una localidad cuya toponimia ha desaparecido aparentemente en la isla de nombre Balillipa, que por otra parte corresponde con un dialecto minoritario de uso en la costa del Congo a mediados del siglo XIX[6]. Respecto de su uso, Muñoz Gavira no concreta finalidad, ero sí advierte que el trueque es la forma principal de intercambio, que usan productos elaborados como armas y que una parte de la población se dedica a labores agrarias o pesqueras.

[1] M. J. Herskovitz, Backgrounds of African Art, Denver, 1945

[2] Por ejemplo, C. B. Steiner, African Art in Transtit, Cambridge, 1994

[3] D. Fraser, H. M. Cole, African Art and Leadership, Madison, 1972

[4] T. J. Hutchinson, Impresions of West Africa, Londres, 1858

[5] J. Hogendorn, M. Johnson, The Shell Money of the Slave Trade, Cambridge, 1986.

[6] T. J. Hutchinson, Impresions…, 1858

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