Falsificación de moneda antigua

Sin títuloReal como la vida misma. Hace pocos días tuvo ocasión un mercadillo semanal y asistí animado a descubrir los objetos y cachivaches que se venden en esta clase de mercados. Allí, apoyados en una furgoneta blanca se encontraban varios cuadros y me fijé en dos, una pintura de aire florentino del Renacimiento y un santo de corte sevillano del barroco. “Ese del Renacimiento puede quedar en 4.500 euros” escuché del dueño y su voz me animó a acercarme a la pintura, comprobar que la cobertura de latón del marco estaba suelto en algún punto y que la parte trasera era una tabla vieja. Del santo el dueño no cayo en su filiación y me justificó que el precio era bajo por mi condición de galerista, que al parecer dedujo de mi atuendo, un traje de baño blanco, un polo rojo y una sandalias de cuero. Me preguntó entonces de donde venía y al saber que de Galicia me aseguró que en pocos días asistiría a su tienda el jefe de la Junta a comprar un cuadro importante, un velázquez del que el Prado tenía los papeles. ¡Un velázquez!, tenemos noticia de un cuadro más de este pintor del que no conocemos ochenta obras, el presidente de la Xunta acudiría en persona para comprarlo e incrementar los fondos artísticos de los museos de mi comunidad y además tengo aspecto de galerista. En ese momento empecé a pensar que el autor del cuadro de aíre italiano podría ser un tal Florentino y su origen hispánico.

Pero no es este un blog dedicado a la pintura, sino que toca hablar de la falsificación de moneda. Y no me refiero a la realizada en la época de su circulación, a la que ya hay una entrada sobre los duros sevillanos. Las monedas de época son interesantes para la ciencia numismática, tanto las auténticas como las obras de falsarios y a ellas nos referimos como “falsas”, por lo que en este punto hablo de las “falsificaciones”. Pocos minutos más tarde y unos cien metros más adelante pude encontrar una moneda de las que aparecen en los blogs y que alertan de la puesta en circulación de moneda falsa, en este caso de Alfonso X de 1277, la que se reproduce arriba, la misma. Esta en un puesto de venta de monedas, casi todas auténticas y al ser preguntado el precio a su dueño me dijo literalmente: “pone 900 euros pero el precio es alto”. Claro que es alto, pensé yo, consciente de que hay tres piezas conocidas, dos en el Museo Arqueológico Nacional y una que formaba parte de la colección Hugtinton. La moneda que tenía en mis manos dentro de un cartoncillo, no sea que alguien la toque, conservaba con aquellas no un aire sino una brisa lejana, no valía más de 20 euros, por eso del trabajo artesanal. Entonces me espetó: “vale 400 euros”. Por lo pronto le avisé que esa pieza era una de las varias falsas de toda falsedad que tenía en su tenderete, al menos las tres que le señalé y que no quitó de la mesa. Otro más que pensó por mi atuendo que yo tenía una galería de arte pero que soy un ignorante de moneda medieval, ¿es o no para contarlo?.

Y esto por no hablar de los que emplean punzones para perfilar los relieves de la pieza ibérica y romana y repaginan la moneda original, dañándola. Los curiosos se defienden y publican en blogs y foros estas piezas, por ejemplo, la anterior aparece en Solomedievales y Numismática medieval, pero no es suficiente. Algunos casos de defraudaciones con estas piezas son sonados y han alcanzado a entendidos, sin duda, lo mejor es confiar en los comerciantes profesionales, entre ellos los que organizan subastas, pero hay que reaccionar de una manera más contundente.

Nuestro sistema penal no está a la altura. El artículo 178 del Codice dei beni culturali e del paesaggio, ai sensi dell’articolo 10 della legge 6 luglio 2002 castiga como delito la falsificación de bienes culturales, lo mismo que en Gracia hace la Nomos 3028/2002 de protección de antigüedades y de patrimonio cultural en general. En Perú, la normativa cultural exige indicar con una señal oficial la condición de reproducción. En España, la legislación guarda silencio, dato negativo porque castigando la protección no sólo se protege el mercado lícito sino también que estas piezas no accedan en el futuro a colecciones públicas o que puedan ser tenidas como auténticas en estudios científicos viciando la interpretación del pasado, se otorga protección a la historia misma. Eso sí,  los falsarios de arte y antigüedades y quienes a sabiendas comercian con estos objetos pueden ser autores de un delito de estafa castigado en el art. 248 CP, lo mismo que  los que los expertizan y autentifican, para que cualquier incauto, aunque por su atuendo parezca un galerista pueda ver perjudicado su patrimonio.

Anuncios

One comment

  1. Muy buena historia, Antonio. La desgracia es que no estén penadas estas practicas.

    Por suerte para ti, el que te confundan con un galerista te aporta rebaja en los precios de las piezas 😉

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s