Las acuñaciones de Isabel II

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Me permito comentar varios aspectos que afectan a las monedas de Isabel II, basándome al efecto en la legislación emanada en los períodos 1833-1840 y 1851-1854 obrante en el periódico de la época El castellano, además de en otras publicaciones de las que se dará oportuna cuenta que pude ojear en la biblioteca de un amigo. Salvo indicación en contrario, las normas citadas provienen del Ministerio de Hacienda. La primera conclusión deducible de su lectura consiste en la insuficiencia de los catálogos al uso para dar a comprender el significado de las acuñaciones del período. En efecto, aunque las publicaciones que me sirven de fuente parecen incompletas (en ocasiones incorporan nombramientos y en otras no, las normas citadas por una no se mencionan en las restantes, etc.) parecen informar más que los catálogos, normalmente preocupados en diferenciar las especies por metales y por cecas, no haciéndolo en función de las emisiones monetarias.

1 Las leyendas de las monedas de Isabel II a partir de 1836. El Real Decreto de las Cortes de 30 de noviembre de 1836 dispone lo siguiente:

La moneda se acuñará con los mismos tipos, tamaños y contornos que se hace en la actualidad, poniendo en el anverso Isabel I por la gracia de Dios y la Constitución; en el reverso, Reina de las Españas, y en el canto de las de a 20 rs. Ley, Patria, Rey, conservando las estrías en las monedas menudas.

Poco tiempo después, el artículo 47.7º de la Constitución de 1837 consideró una prerrogativa real “cuidar de la fabricación de la moneda, en la que se pondrán su busto y su nombre”.

Los anteriores 80 reales de Barcelona de 1837 responden a esta ordenación.

2 Los negociados de las casas de moneda. Conforme a una Real Orden de 14 de enero de 1834, el negociado de las casas de moneda pasa del Ministerio de Fomento al Ministerio de Hacienda. Por cierto, por Real Orden de 13 de septiembre de 1839 se nombra a Francisco Rodríguez de la Vega, oficial del Ministerio de Hacienda, superintendente de la casa de moneda y cobrería de Jubia por fallecimiento de Samuel Fernández Flórez.

3 Las emisiones monetarias. En relación con las emisiones monetarias puede mencionarse la existencia de las siguientes normas: una Real Orden de 7 de febrero de 1861 ordena la fabricación de moneda de oro de 40 y 20 reales; una Real Orden de 23 de noviembre de 1863 acordó la emisión de 120 millones de reales en la Casa de Moneda de Madrid; por último, una Real Orden de 19 de agosto de 1863 modificó los cuños de la moneda de oro. En otro orden de ideas, el artículo 47.7º de la Constitución de 1837 consideró una prerrogativa real “cuidar de la fabricación de la moneda, en la que se pondrán su busto y su nombre”.

Un importante conjunto de normas se refieren a las especies establecidas por la Ley de 26 de junio de 1864. En concreto, un Decreto de 5 de septiembre de 1864 mantiene el cuño de la moneda de oro, pero adaptada a los nuevos valores. Con fecha de 22 de septiembre de 1865 se dictan las siguientes:
– Una Instrucción relativa a la moneda de cobre que, en relación con la ceca de Jubia, impone la obligación de dirigir a la misma el numerario obrante en las Tesorerías de La Coruña, Guipúzcoa, León, Lugo, Orense, Pontevedra, Santander y Vizcaya.
– Un interesantísimo Reglamento que establece las pautas para la fabricación de moneda de bronce en las Casas de Moneda del Reino.
Por último, un Reglamento de 17 de noviembre de 1865 adjudica, previa la subasta, a Hoeschger, Mesdach y compañía la fabricación de 9.400.000 escudos de moneda de bronce entre las casas de Barcelona, Jubia y Segovia.

4 La circulación de la moneda de cobre. En una Real Orden de 19 de enero de 1840 se acordó la prohibición de la importación de la moneda de cobre española. En la misma disposición se estableció la libre exportación de la misma. Este dato demuestra que había un exceso de moneda en los mercados españoles y tal vez de este extremo podamos deducir que cesase en su acuñación la ceca de Jubia. Sin embargo, dentro de España la circulación de moneda es desigual. Así, por una Orden de 17 de junio de 1840 sabemos que la Dirección general de Rentas advirtió que en Alicante no circula la moneda de cobre segoviana y que, en el período 1851-1854 se admitió la circulación de las monedas denominadas sesenas en algunas comarcas catalanas.

Con posterioridad, puede mencionarse que las Reales Órdenes de 10 y 15 de enero de 1842 y 13 de junio de 1855 y el Real Decreto de 27 de junio de 1852 fijaron límites a los pagos públicos realizados en calderilla, recordando la obligación de efectuar los desembolsos en las monedas fijadas en los títulos.

En otro orden de ideas, una Orden de 27 de junio de 1839 acordó la remisión a las casas de Segovia y Jubia de la calderilla vieja obrante en las tesorerías. Por último, la Real Orden de 21 de mayo de 1855 estableció el canje de la moneda catalana por billetes.

5 La circulación de algunas monedas extranjeras en España.

Algunas de las normas del período se refieren a la circulación de monedas extranjeras.
– Moneda inglesa. La Real Orden del Ministerio de Hacienda de 25 de octubre de 1835 (el ministro es Juan Álvarez y Mendizábal) admite la circulación de la moneda introducida por la legión de aquel país, mandando que sean admitidas en las compras, permutas y cambios de cualquiera especie por el valor que tienen, en sus correspondencia con los reales de vellón que es el siguiente:

MONEDAS DE ORO
Un soberano 92…12 reales de vellón
Medio soberano 46…6 reales de vellón
MONEDAS DE PLATA
Una corona 22 reales de vellón
Media corona 11 reales de vellón
Un shilin (sic) 4…14 reales de vellón
Medio shilin 2…7 reales de vellón

– Moneda portuguesa. Con el mismo fundamento (y siguiendo la misma fórmula), una Real Orden de 15 de noviembre de 1835 admite la circulación de la moneda portuguesa con el siguiente valor.

MONEDAS DE ORO
La medalla de 24.000 reis con peso de 1 onza y 7 ochavas 640 reales de vellón
La moneda de 12.800 reis o dobla portuguesa con peso de una onza 336 reales de vellón
La pieza de 6.400 reis o media onza (o 4 ochavos) 168 reales de vellón
La de 3.200 reis 84 reales de vellón
La de 1.600 reis que tiene alguna falta de peso por desgaste 40 reales de vellón
La de 1.200 reis llamada cuartiño con peso aproximado de 4 tomines y 6 granos 30 reales de vellón
La de 800 reis u ocho tomines 20 reales de vellón
MONEDAS DE PLATA
1 cruzado nuevo de 4.800 reis con desgaste 10 reales de vellón
Medio cruzado de 12 veintenes o 240 reis 5 reales de vellón
Cuarto de cruzado, o 6 veintenes o 120 reis 2…17 reales de vellón
La pieza de 60 reis o 3 veintenes 1…8 reales de vellón
La de 100 reis o 1 tostón 2…4 reales de vellón
La de 50 reis o medio tostón 1…2 reales de vellón

Además, en la misma orden se establece la admisión de la circulación de la moneda de cobre con los siguientes valores.

MONEDAS DE COBRE
La moneda de 2 veintenes 8 cuartos
La de 10 reis 2 cuartos
La de 5 reis 1 cuarto

Sin embargo, y ante la presencia de abusos, una orden de 20 de marzo de 1836, complementada por otra de 22 del mismo mes, acuerda la prohibición de la circulación de la moneda de cobre manteniendo en lo demás intacta la precedente tabla de cambios.

– Las monedas de plata americanas, en concreto los pesos de Méjico, Buenos Aires, Perú, Chile y Colombia circularon en Canarias con una autorización de la Junta de Comercio de Málaga otorogada el 15 de abril de 1837. La Ley de 7 de octubre de 1837 estableció en su artículo 1 la admisión de la presencia de la moneda de oro y plata de los estados americanos pero en su valor como pasta, no admitiéndose en las tesorerías en los valores expresados en las mismas. Su artículo 2 añade que públicamente se anunciará el valor intrínseco de las mismas a los efectos previstos en el artículo anterior. En cumplimiento de la presente ley se promulgó únicamente una Orden del Regente de 25 de septiembre de 1841 en relación con la moneda mejicana. Con posterioridad, un Real Decreto de 24 de junio de 1855 publicó la finura de la moneda portuguesa. Puede concluirse que la ley cayó en desuso.

– La circulación de las monedas de oro, tanto francesas como americanas, fue prohibida en órdenes de 7 de enero y 20 de febrero de 1851 en un intento de establecer una primacía de la plata respecto del oro. En concreto, la segunda orden autoriza la libre exportación de esa moneda. De hecho, una Orden de 7 de enero de 1851 suspendió la acuñación de la moneda de oro en las cecas españolas. En otro orden de ideas, una Real Orden de 18 de diciembre de 1862 prohibió la circulación en la Península e Islas Adyacentes de la moneda de oro fabricada en la Casa de la Moneda de Filipinas.

– Cobre gibraltareños. Por último, una Real Orden de 6 de junio de 1835 prohibe la circulación de la moneda de cobre hecha en Gibraltar.

La Ley de 7 de octubre de 1837 estableció en su artículo 1 la admisión de la presencia de la moneda de oro y plata de los estados americanos pero en su valor como pasta, no admitiéndose en las tesorerías en los valores expresados en las mismas. Su artículo 2 añade que públicamente se anunciará el valor intrínseco de las mismas a los efectos previstos en el artículo anterior. En cumplimiento de la presente ley se promulgó únicamente una Orden del Regente de 25 de septiembre de 1841 en relación con la moneda mejicana. Puede concluirse, en consecuencia, que la ley cayó en desuso. Con posterioridad, un Real Decreto de 24 de junio de 1855 publicó la finura de la moneda portuguesa, admitida, como mostraba en mi anterior entrega, a circulación.

En otro orden de ideas, una Real Orden de 18 de diciembre de 1862 prohibió la circulación en la Península e Islas Adyacentes de la moneda de oro fabricada en la Casa de la Moneda de Filipinas.

Por último, una Real Orden de 6 de junio de 1835 prohibe la circulación de la moneda de cobre hecha en Gibraltar.

6 Noticias de algunas monedas falsas de la época. Son muchas las noticias que disponemos sobre la moneda falsa. Algunas normas, como sucede con la Real Orden de 7 de enero de 1859 y las Circulares de la Dirección General del Tesoro de 3 de marzo de 1859 y de 12 de abril de 1867, establecieron la necesidad de inutilizar la moneda falsa.

En los años centrales del siglo XIX algunos reales decretos publicaban la noticia de la existencia de falsificaciones para prevenir al público. Dos de estos decretos, los únicos que he podido localizar, se refieren a las siguientes.
– El Real Decreto de 2 de junio de 1840 dice así: “He dado cuenta a S. M. la Reina Gobernadora de una comunicación que el Mº de Gracia y Justicia dirigió al de mi cargo el 28 de abril, participando que el juez primero de primera instancia de Murcia se halla instruyendo causa criminal sobre expendición de monedas falsas que consisten en reales de vellón de S. M. la Reina doña Isabel II transformadas en monedas de 20 rs. aplicándoles un baño superficial de oro, y haciendo desaparecer los signos I y R1 (…)”.
– Con una redacción casi idéntica, un Real Decreto de 23 de abril de 1851 da cuenta del aviso realizado por el Cónsul español en Oporto sobre la captura de un falsario en aquella zona al que le fueron incautadas, entre otras, medias onzas fabricadas en 1778 a nombre de Carlos III.

Por otro lado, el Boletín de la Revista General de Legislación y Jurisprudencia aporta las siguientes noticias:
– En el número 111, 1855, pp. 495-496 se refiere la existencia de una fábrica de moneda de oro falsa en Granollers.
– En el número 125, 1856, p. 160 se menciona una fábrica de moneda de plata en Denia. Como en el caso anterior, se menciona la existencia de material adecuado para la falsificación.
– En el número 8, segunda época, 1859, p. 61 se refiere una nueva fábrica en Barcelona.
– Por último, en el número 209, 1857, p. 384 se da cuenta de la aparición de 14.000 sellos falsos en Andalucía.

A modo de conclusión, puede mencionarse que en el número 18, correspondiente al año 1861, pp. 424-458, de la Revista General de Legislación puede leerse un debate entre los partidarios de que el delito de fabricación de moneda falsa debe interpretarse atendiendo a la defraudación del metal contenido en la moneda (posición de un magistrado que firma como “Un suscriptor”) y los que opinan que la falsedad se refiere a la especia falseada y no a su metal (postura de la redacción), adelantándose así el debate que con posterioridad se producirá a los conocidos “duros sevillanos” que se realizaron con una ley de plata mayor que la propia de las monedas imitadas.

7 La moneda limada. En otro orden de ideas, una Real Orden de 7 de enero de 1838 prohíbe la admisión en las oficinas recaudatorias de las monedas limadas o faltas de peso como las detectadas en Cádiz. A esta noticia puede añadirse la existencia de una Real Orden de 9 de abril de 1839 con un contenido semejante, que inadmitía esta clase de moneda en las oficinas públicas.

8 A vueltas con la calderilla. En la nota que amablemente me publicó esta revista en su primer número mencioné los problemas existentes en la época con la calderilla. Mencionaré que las Reales Órdenes de 10 y 15 de enero de 1842 y 13 de junio de 1855 y el Real Decreto de 27 de junio de 1852 fijaron límites a los pagos públicos realizados en calderilla, recordando la obligación de efectuar los desembolsos en las monedas fijadas en los títulos.

En otro orden de ideas, una Orden de 27 de junio de 1839 acordó la remisión a las casas de Segovia y Jubia de la calderilla vieja obrante en las tesorerías. Por último, la Real Orden de 21 de mayo de 1855 estableció el canje de la moneda catalana por billetes.

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