Mes: junio 2014

La ceca de Jubia, a punto de volver a la actividad en 1853

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Un Real Decreto de 19 de agosto de 1853 se dicta con el objetivo de dotar al mercado de moneda corriente procurando evitar los excesos en su fabricación. Dada la necesidad de un nuevo numerario, acuerda el regreso a la actividad de la ceca de Jubia del mismo modo que el Real Decreto de 28 de noviembre de 1854, mucho más breve, hará con la ceca de Barcelona. Dejando de lado la exposición de motivos, el articulado del decreto de 1853 es el siguiente:

Artículo 1. Con el fin de activar la acuñación de moneda decimal que sea necesaria al surtido de público en la época de empezar a regir en las dependencias del Gobierno el sistema métrico establecido por la ley de 19 de julio de 1849, se rehabilitará la fábrica de Jubia, dotándola de los medios indispensables para que esta operación se lleve a cabo con la posible brevedad y economía, sin perjuicio de valerse de otras fábricas si así lo exigiese la necesidad.
Artículo 2. Para proveer a dicha fábrica de la primera materia prima necesaria a este objetivo, se trasladará a la misma la moneda de cobre que propiedad del Gobierno existe recogida en Cataluña.
Artículo 3. Cesará la acuñación de las piezas de un real y las de doble décima, y en su lugar se acuñarán otras con el peso correspondiente que valdrán un cuartillo, o sean 25 centésimas de real.
Artículo 4. Toda la moneda de cobre que se acuñe, a contar desde 1º de enero de 1854 llevará mi Real efigie en el anverso, el escudo de armas de España en el reverso, y los accesorios y leyendas a que me reservo dar en mi aprobación.
Artículo 5. Los gastos necesarios serán imputados sobre el presupuesto del año próximo, y librados en tanto como anticipo a reintegrar.
Artículo 6. De estas disposiciones dará el Gobierno cuenta a las Cortes en la próxima legislatura.

La realidad de esta previsión es perfectamente conocida. La ceca de Jubia no regresará a las acuñaciones hasta transcurridos diez años.

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Blas de Lezo y la derrota que fue victoria

Sin títuloEn otras entradas se han referido medallas que dan cuenta de batallas navales en las que la derrota española era la referencia, caso de la batalla de Rande en 1702 o bien por la exposición relativa  al hundimiento de Nuestra Señora de las Mercedes en 1804.

Otras emisiones inglesas y holandesas dan cuenta de la captura de barcos  (San Iago) u otras batallas (Portobelo, Menorca). Sin embargo, no hay menciones de las otras muchas ocasiones en que el signo de la batalla es el contrario o cuando el acontecimiento es reseñable y la razón es la ausencia de un mercado de productores o consumidores de medallas conmemorativas en España. A modo de ejemplo, el Combate del Callao en 1866 sólo vino acompañado de una medalla militar muy poco decorosa y por ello merecedora de tener acogida en este blog. Como excepción, algunas medallas se ocupan de la Batalla de Lepanto y a ellas dedicaremos otra entrada.

Algunos acontecimientos son inmerecidamente desconocidos por el español medio a pesar de su significación científica, casos de la Expedición Malaspina, un hito científico de la Ilustración española y europea, en 1789, y la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, que entre 1803 y 1814  permitió a Balmis conducir la vacuna de la viruela por todo el Imperio Español. Sencillamente impresionantes, apasionantes.

Este injusto vacío tiene una ocasión de ser llenado por una medalla inglesa de 1740 alusiva a la gran victoria española previa a la Batalla de Trafalgar, de nuevo un acontecimiento alusivo a un personaje tan olvidado como necesitado de homenaje: Blas de Lezo. Conocido como Medio Hombre, Lezo era tuerto, ciego y manco por heridas de guerra de decenas de batallas, que siempre sostuvo sin derrota. El acontecimiento es el Sitio de Cartagena, entre marzo y mayo de 1741, decisivo en la superioridad naval española en América desde entonces y hasta octubre de 1805.

Lo cierto es que el almirante Vernon, que había tomado con seis barcos la desguarnecida ciudad de Portobelo, estaba convencido de su superioridad y mandó fabricar unas monedas que conmemoraban una victoria que no ocurriría. Con leyendas THE SPANISH PRIDE PULLD DOWN BY ADMIRAL VERNON y TRUE BRITISH HEROES TOOK CARTHAGENA imaginaban la batalla. En unas medallas Lezo aparece arrodillado entregando las llaves de la ciudad al almirante inglés, que en la realidad salió maltrecho y maldiciendo a su vencedor quien espetó: “Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque ésta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres, lo cual les hubiera sido mejor que emprender una conquista que no pueden conseguir”. Antes, había fabricado otras medallas para celebrar pomposamente la toma de Portobelo.

Sin títuloSon las medallas de Vamos a contar mentiras.